La información financiera entra mejor a ritmo robótico

El robot R4 se animó a hacerse selfis con los clientes quintana
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Por si los clientes de Abanca no se aclaraban con la máquina que daba las citas en la oficina central de Rúa Nova, la entidad financiera fichó por un día a un nuevo trabajador servicial, simpático y de inteligencia artificial. Ofreciendo selfis por doquier y bailando el famoso “Gangnam style” del artista PSY, R4 se metió a decenas de consumidores en el bolsillo mientras esperaban a ser atendidos por sus compañeros en los distintos mostradores.
El robot de “cuerpo japonés pero inteligencia gallega” se estrenó como gestor comercial en A Coruña con un éxito arrollador. Y eso que sus creadores ni siquiera lo habían programado para que pululase a su gusto por la oficina por si había tropiezos. El pequeño androide requirió la atención de todo aquel que sacaba número para realizar alguna gestión en el banco con la advertencia de que pasase por allí cuando acabase “con la máquina tonta”. “Yo soy mucho más simpático”, razonaba.
De momento R4 no tendrá hermanos que se multipliquen por toda la red de oficinas de Abanca, pero su padre y director de Innovación del banco, Eduardo Aldao, no descarta que en un futuro este tipo de proyectos puedan tener una estabilidad en las sedes.
“Este robot es una prueba piloto dentro de nuestros objetivos de introducir tecnología nueva y máquinas más inteligentes para manejarse por la oficina”, aclaró. La idea es que después de Navidad pase varias jornadas laborales en distintas oficinas para comprobar cómo responde la gente pero los primeros en tomar contacto con el simpático gestor –que introduce información de las campañas vigentes en la sucursal siempre que puede– están encantados.
“Lo llevamos a Pontedeume y la gente mayor se mostró súper animada e incluso hubo quien bailó con él porque lo perciben como algo innovador”, comentó Aldao, sobre el monigote al que estuvieron enseñando (o programando) durante “tres meses”.
R4 sabe castellano e inglés y va camino de sumar el idioma de la tierra. “Le estamos enseñando gallego”, aseguró, satisfecho, el padre digital de la criatura.

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