Reportaje | “Non me acordo de quen ía comigo na moto, nin que moto tiña”

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Para Jesús Romar Soneira, hay un antes y un después del accidente de moto que sufrió en Cádiz y del que no recuerda nada. El 1 de agosto de 2017, el vecino de Laxe volvió a nacer. Estuvo un mes ingresado allí y otro mes en Oza. En la UCI, le hicieron transfusión de sangre y todos, amigos y familia, estuvieron cerca de él, pero él no se acuerda. El 18 de agosto le operaron de una mano y de una pierna, que trató de poner en órbita una vez que se despertó. Lo sigue haciendo en la actualidad y dentro de lo malo explica, se siente bien. Camina y es capaz de mover todos los dedos de la extremidad lesionada. 

Lo peor fue en la cabeza. Tiene una parte bloqueada del cerebro que le impide saber lo que hizo hace dos o tres días, pero en su empeño está agitarla para que realice sus funciones. Desde finales de enero, acude dos días a la semana a Adaceco (Asociación de Daño Cerebral Adquirido), en As Xubias. Allí trabaja la memoria. 

Jesús es militar y está a la espera de pasar un tribunal médico, que le determine un cargo adaptado a su nueva situación: “Están mirando informes”. Mientras, asiste a las sesiones de una neuropsicóloga. Entrena su cabeza con fichas de elementos que están y no están. Jesús tiene que descifrar los que desaparecen con cronómetro y a la vez contar lo que hizo, lo que comió el día anterior y lo que vio en la televisión. Sus rutinas se le escapan de la mente, pero en Adaceco hacen por que las traiga al presente: “Pídenme que lle dea voltas e que traballe a rapidez e a memoria”. 


Está muy contento con los profesionales que lo tratan. Los martes y miércoles son para él un estímulo. Se trata de dar pequeños pasitos con ejercicios tan simples como leer las noticias. También hace sudokus para estar activo y que ese lado del cerebro no se duerma y espabile. De lo ocurrido, solo tiene consciencia de Oza, “do de antes nada, nin quen ía comigo na moto nin que moto tiña”. 

Cuando salió del coma, en el hospital le hicieron pruebas que consistían en pintar sus recuerdos. Al parecer, intentó trazar un barco de guerra al que se subió con el ejército, “pero era unha embarcación sencilla, había algo por aí pero non sabía o que”. 

Por momentos, cuenta que todo era un lienzo en blanco. En otros, soltaba una parrafada y la sensación de volver al mundo “foi como se pasase dun día para o outro”. Poco a poco, Jesús asoció a sus seres queridos, “cando estiven en Jerez nin me acordaba deles”. Hoy no se olvida del primero. A todos les da las gracias, a su amigo que le recogió en la carretera, a los demás colegas, a los familiares y a los que trabajan con él en Adaceco para que cuando llegue a casa y no le salga un sudoku no se frustre. Entre risas, comenta que a veces usa la lesión como pretexto para no hacer las cosas. Solo a veces, porque en su propósito está que esa “pequena tariña” como le llama no le impida hacer todo lo que se proponga. A sus 37 años. 

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