Una Marea de enfrentamientos

26 febrero 2015 página 5 A Coruña.- El proyecto del museo de la Automoción renace para ser realidad en pocos meses El alcalde, Carlos Negreira visitó la colección de coches antiguos de la familia Jove, el embrión
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Esta semana ha rebrotado la polémica en torno al que fue el primer frente de la Marea: su choque frontal con la Fundación Jorge Jove sobre el Museo de la Automoción, proyecto rechazado por Ferreiro y demás intrusos en María Pita (así se consideran ellos) según pisaron alfombra. Incluyeron en su programa el veto a esta obra en Bens porque desconocían el proyecto de Jove (como desconocían tantas cosas de la ciudad, y ya no digamos del funcionamiento del Ayuntamiento), y se comenta que ahora están arrepentidos. Lo estén o no, es seguro que no van a autorizar la obra en ese parque y tampoco han ofrecido ubicación alternativa. Tras año y pico de típica parálisis mareante, se teme que pueda ser otra ciudad la que acoja el mayor museo de automoción de Europa.
El enfrentamiento con la Fundación Jorge Jove fue el primero de una lista que pronto creció. Después llegó el choque con la Asociación de Meigas de las Hogueras de San Juan, las cofradías religiosas o las casas regionales (un certamen considerado “miseria mental” por el concejal Xiao Varela), casas con las que Marea ha querido aplicar el “divide y vencerás”. Es, por cierto, la misma táctica que están intentado con los colectivos vecinales, a los que, en sus propias palabras, el gobierno local quiere “desordenar”. Algunos vecinos no quieren ser “desordenados” y por ahí también han saltado chispas.
Además de con colectivos arraigados en la ciudad, Marea se ha enfrentado a instituciones. No ha existido Gobierno local más beligerante en la historia de la democracia moderna, metido en charcos sin sentido con la Autoridad Portuaria (a la que troleó en la obra de la Marina) o con Fomento (por la ampliación de Lavedra, si bien en este caso Marea acabó pasando “por debajo del futbolín”), y también belicosa con la Xunta (con el plan de transporte metropolitano y con Ecoembes, conflictos aún latentes).
En su frenesí frentista, Marea no solo lidia con “xente de arriba”, donde podemos ubicar a los altos cargos institucionales, a Jorge Jove y a Amancio Ortega (al que parece tenerle especial inquina la edil Rocío Fraga). También con la de “abaixo”, a la que tanto apela Ferreiro en su discurso. En A Coruña, que tiene como eslogan histórico “la ciudad en la que nadie es forastero”, un año y tres meses de gobierno mareante han servido para comprobar que hay coruñeses que se sienten forasteros en su propia ciudad. Porque así los hace sentir su gobierno. “Xentes do común” son las placeras del mercado de San Agustín, permanentemente enfrentadas al edil Lema. Lo son también los comerciantes, cuya federación ha lamentado esta semana el menosprecio al que fue sometido el pequeño comercio con motivo de la regata Tall Ships Races (antigua Cutty Sark). “Xente do común” abunda en La Solana (ya no tiene el toque elitista de décadas atrás), cuya mejora de las instalaciones ha sido frenada por Xiao Varela, edil de Urbanismo, pese a tener todos los papeles en regla y con el 90% de la obra ejecutada; como todo argumento, el concejal esgrime que quieren revisar el proyecto “desde el principio”. A buenas horas. La dirección de La Solana se reserva el derecho a emprender acciones judiciales para defender los intereses de sus 10.000 socios. La mitad, y no son poca “xente”, pues suman unas 5.000 personas, aglutinan las casas regionales que organizaban el certamen en Méndez Núñez y que ahora se sienten “coruñeses de segunda”, como hace unos días denunciaron los presidentes de las casas de Asturias y León. Todos ellos son víctimas de exclusión social por parte del Ayuntamiento. De su Ayuntamiento.
La cultura del enfrentamiento (o las culturas del enfrentamiento, en terminología mareante) la extiende el equipo de Ferreiro al terreno político. En ese tablero, no solo lidia con la oposición, lo que es lógico: también lo hace con sus presuntos amigos. Para ejemplo, la bronca gestación del llamado “partido instrumental” gallego, toda una pelea de gallos. Finalmente, y por dedazo del apóstol Pablo, los podemitas se han disuelto en En Marea, pero no como un azucarillo y hasta alcanzar la invisibilidad (que es lo que ocurrió en las elecciones municipales de 2015), como se pretendía desde María Pita: esta vez que se han movilizado para acabar logrando puestos altos en las listas. Sí han sabido ocupar su espacio, al que renunciaron en las municipales, pues en el Concello no hay ni un concejal de Podemos pese a que la formación morada aportó la mayoría de los votos que le valieron a Marea para ser segunda y gobernar A Coruña con el asentimiento gratuito del PSOE. De todos modos, la falla sigue abierta, pues el sector crítico podemita sigue reivindicando (incluso judicialmente) su espacio propio frente al tinglado de Ferreiro.
Más grave para la ciudad, y para su correcto funcionamiento, es la relación tirante que Marea tiene con el PSOE local, que lo aupó al Gobierno local por orden directa del “perro del hortelano” Pedro Sánchez. El enfrentamiento empezó con el inicio del mandato y no ha cesado. Como los socialistas tragaron de entrada a cambio de nada, los mareantes creyeron que iban a tragar con todo durante todo el rato. Ha resultado que no. El PSOE pretendía ser “socio preferente” de Ferreiro, pero se ha topado con el desprecio constante de Marea, y ha acabado por desmarcarse muy a menudo de la acción de gobierno. De este modo, el modificativo de crédito se aprobó a la quinta y el presupuesto municipal muy tarde, y con PP y PSOE votando conjuntamente para enmendarlo. Actuando como un dique de abrigo frente a la Marea de los Enfrentamientos.

Una Marea de enfrentamientos