El fracasado ataque de los ingleses a Ferrol

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El pasado agosto se cumplieron los 215 años del fracasado intento inglés de hacerse con el embarcadero de la Armada en Ferrol, aquellos aciagos días del 25 y 26 de dicho mes de 1800 en los que se luchó con heroísmo y sin el menor atisbo de debilidad, cuando el siglo XVIII tocaba a su fin e iniciaba el despunte del XIX. Aquellos días pueden ser considerados como fechas claves en la moderna historia ferrolana, al rechazar en toda regla un ofensivo ataque inglés contra la ciudad departamental. Los atacantes no lograron su objetivo gracias a la voluntad de sus defensores en la abnegación y sacrificio de sus vidas, logrando expulsar a los británicos de las tierras ferrolanas.
En la lucha intervienen diversos regimientos ingleses y una brigada de choque irlandesa, que son puestos bajo el mando del teniente general James Pultney. Estaban preparados para intervenir en la toma de Ferrol a sangre y fuego, siendo entrenados a conciencia para lograr su objetivo. Los navíos ingleses que trasladan a esta fuerza son el “London”, de 94 cañones, “Renown”, “Impetueux”, “Courageox” y “Captain”, de 74 cañones cada uno, además de diversas fragatas, transportes navales y de apoyo, que sumaban unos cien barcos. 
Mientras que España contaba en el fondeadero ferrolano con el “Real Carlos” y “San Hermenegildo”, de 112 cañones cada uno, “San Fernando”, de 96, “Monarca” y “San Agustín”, de 74 y el “Argonauta”, con otros 80, a los que había que sumar las fragatas “La Paz”, “Santa Clara”, “Nuestra Señora de las Mercedes” y “Nuestra Señora de la Asunción”, con 34 cañones cada una, y por último el bergantín “Vivo”, con 18, y “Palomo”, así como el apoyo de la balandra “Alduides”, acompañados de 10 cañoneras.
Con las primeras luces del alba del día 25, se divisan los barcos ingleses que se aproximan a la costa, dando la alarma desde monte Ventoso el piloto Antonio Taboada, quien comunica que desde lo alto de la montaña tiene a la vista una escuadra a una distancia de entre cuatro y cinco leguas. Una vez los ingleses fondean en Doniños y Cobas, las fuerzas desembarcan de inmediato y los primeros hombres en hacerles frente combatiendo al invasor serían unos 315 granaderos del Regimiento de Asturias y otros 255 infantes de Marina, enviados al camino de la Graña para intentar hacer retroceder a los ingleses. Pronto las baterías de Doniños quedan silenciadas; sus ocho cañones poco podía hacer ante su atacante, el “Impetueux”, de 74 cañones.
Las escasas fuerzas españolas de guarnición eran inferiores en número a su oponente inglés, contando con una exigua fuerza de Infantería de Marina, los Granaderos de Guadalajara, el Regimiento Inmemorial del Rey, el Regimiento de América, el Real Cuerpo de Artillería y los Granaderos de Asturias, que juntos apenas alcanzaban los 3.650 efectivos de armas, sumando la tropa embarcada de Marina que eran otros 1.825. Así, la defensa suponía 5.475 hombres, a los que habría que añadir una fuerza de 1.200 miembros de las Milicias populares. 
Frente a estos se hallaban los ingleses, con 13.000 combatientes entre la fuerza embarcada y la marinería.
Pese a la diferencia, los ingleses pronto quedarán frenados en su avance en el primer día de combates, en unas tensas posiciones ocupadas por unos y otros, a la espera de lo que acontezca en la jornada siguiente. 
El día 26, Vicente María de Quesada y Silva, más conocido como conde de Donadio, reúne a sus fuerzas de la escuadra y otras de complemento y decide atacar por sorpresa al enemigo, formando una primera línea de fuego con 780 hombres y una segunda con otros 1.120 efectivos, que logra frenar el ímpetu británico. Pero al carecer de artillería de campaña, decide retirarse y hacerse fuerte en la plaza de Ferrol. Al paso de esta decisión los ingleses a la altura de Brión se ponen en marcha hacía dicha plaza. 
Mientras se habilita una plataforma flotante de ocho cañones del calibre 24, al mando del capitán de fragata Antonio Pilón, en la Graña, estando apostado al mediodía en la ensenada de Serantes el bergantín “Vivo”. Luego están los fuertes de San Felipe y La Palma, teniendo este último una destacada actuación en el rechazo al ataque inglés sobre dicha fortaleza. 
Los ingleses pretendían tomar San Felipe por tierra desde los altos del monte de su mismo nombre. Tampoco lo logran, gracias a la gran intervención las cañoneras de la Armada española cuando los atacantes pretendían la toma de la Graña, apoyadas por el bergantín “Vivo” y la batería flotante.
En este lance intervienen cinco cañoneras de la flota y otras cuatro agregadas que se hallaban en Ares, las cuales harían muchas bajas al enemigo inglés en tierra. Considerando el mando inglés que los caminos a los puntos señalados como objetivos estaban bien defendidos, decide a media tarde se reembarque la fuerza de tierra en el fondeadero de Doniños y Cobas, lo que da comienzo al embarque de las tropas, artillería y caballería, cuya maniobra finaliza antes de romper las primeras luces del alba del 27 de agosto. 
Los combates habían finalizado y los ingleses habían fracasado una vez más en sus intentos de ocupar alguna parte del territorio de Galicia. El único botín que habían logrado era el saqueo de la villa de la Graña, donde asaltan los almacenes de víveres –además del ganado y de lo que había de valor para ellos en las casas del pueblo–, así como la profanación de la ermita de Santa Rosa de Viterbo. 
Según los partes oficiales, los ingleses cosecharon 16 muertos y 68 heridos y los españoles 37 muertos y 98 heridos.

El fracasado ataque de los ingleses a Ferrol