La lluvia da una tregua y A Coruña arde con la noche mágica de San Juan

El Ideal Gallego-2014-06-24-010-cb0ecc06
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Los coruñeses vivieron la víspera de San Juan con la mirada puesta en el cielo, convencidos de que nada ni nadie, ni la crisis ni las predicciones meteorológicas, pueden minar la noche más mágica de A Coruña. Como cada 23 de junio, ellas y ellos ejercieron de orgullosos anfitriones para los millares de visitantes que, con sus mismas ansias, “invadieron” la ciudad para participar en una de las celebraciones más sugerentes de Galicia. Prueba de esa invasión, las retenciones registradas desde media tarde en los accesos a A Coruña. Lo mismo, aunque en menor medida, que en San Andrés donde, coincidiendo con el corte de los paseos comenzaron los retenciones, por lo que se tomó la decisión de desviar parte de la circulación por La Marina y O Parrote. Nadie tuvo miedo al agua y la ciudad se echó a las playas, donde muchos  trabajaron durante todo el día para que todo estuviese a punto para la gran noche: la madera para iniciar la hoguera, las viandas, la bebida y, sobre todo, buenos marcos para delimitar las “parcelas” en Orzán y Riazor.
Entrada la noche, todos los arenales, pero también las calles y plazas de los distintos barrios, retiraron los plásticos y, fieles a la tradición, se entregaron al espíritu del San Juan. Nunca lo dudaron, y acertaron: la lluvia dio una tregua para que, a partir de las 21.30 horas, al mismo tiempo que el ambiente festivo se colaba en cada rincón, el fuego de las hogueras iluminaba toda la ciudad y el olor de las sardinas envolvía A Coruña. Porque, aunque menos que otros años por la carencia de escasez de producto, también en 2014 se comieron sardinas en San Juan.  
La mayoría se adelantó a la falla –que comenzó a arder pasada la medianoche, previo espectáculo pirotécnico que vistió de luces del cielo coruñés– para encender las “lumeiradas”, y con ellas todo un ritual de tradición marcada por saltos, dichos populares, canciones y alguna quema de apuntes, rito habitual desde hace decenios en A Coruña.
El dispositivo de seguridad desplegado, en el que participaron cuatrocientas personas, trabajó a destajo toda la noche, al igual que los buses lanzadera y las líneas especiales que comunicaron los barrios con la plaza de Pontevedra. La lluvia no pudo con el ánimo de los coruñeses y, de nuevo, “ardió” San Juan. n

La lluvia da una tregua y A Coruña arde con la noche mágica de San Juan