El placer de ser el mejor dibujante del mes

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El profesor de Esteiro, Anxo Brea, que se aupaba hace unas semanas como el mejor del departamento de Historia de Nueva York, recuerda con cariño la época en la que mandaba sus dibujos a El Ideal Gallego, sobre todo, “porque si salía bien y dibujabas decentemente, ponían tu foto para que la vieran todos los lectores como ganador del mes”.
El coruñés tuvo el placer de leer su nombre en varias ocasiones a principios de los 70. Y es que le encantaba pintar, una afición que se le pegó de su padre Jaime. Es más, el dibujo fue lo que le impulsó a coger un avión y poner un pie en Estados Unidos. Sin embargo, el destino quiso que aparcara los bártulos “20 calles más abajo” que la escuela de arte de Manhattan. Allí, estudió inglés y entre tanto rascacielos, Anxo se sintió “como un niño en una tienda de chucherías”.
El que plasmó para este periódico estampas salpicadas de tradición como en la que aparecen dos gallegos rezándole a un cruceiro y un palleiro de fondo, se hizo maestro en los 90 para empezar a dar clases de ciencias y matemáticas a los niños newyorquinos. Ahora trabaja con los de cuarto y quinto de Enseñanza Primaria. Les enseña a contar en gallego y a que sitúen Muros en el mapa porque Anxo no entiende la enseñanza con corsé. La suya va por libre y coge recortes de la vida. De otra forma, se dedicaría a otra cosa.
Es por eso que apuesta por la creatividad en las aulas: “La falta de esta aburre tremendamente tanto al maestro como al alumno”. Empobrece la calidad de educación, critica Brea, dentro de un sistema, el de Estados Unidos, orientado hacia la empresa con miles de datos y un modelo único de instrucción: “Por encima nos evalúan con exámenes anuales creados por empresas ajenas al mundo de la educación”.
Como gallego trasplantado hace 30 años en Nueva York, confiesa identificarse mucho con la cultura americana y “mis clases”, pero añade que saca experiencias de cuando caminaba por “carreiros” para transmitírselo a sus hijas: “Lo importante es mejorar uno mismo y no darse por vencido”. Es algo que Anxo aprendió de su madre.
Aunque pasaron tres décadas de aquellas postales con premio, Brea señala que subirse al podio de los niños con talento para la pintura le hizo muy feliz. En un momento donde otro galardón lo coloca como el docente más destacado de su ciudad de adopción, Anxo solo tiene palabras de agradecimiento y brinda la distinción a sus propios maestros, a la generación que salió de aquel colegio de Esteiro, a sus amigos y “a toda mi familia en dos continentes, que me cuidan y hacen que nunca me falten ideas para poner en la práctica”.
En su cartera de profesor, están un poquito de todos para que las ansiedades y las ganas de jugar que tenía cuando no sobrepasaba el metro de altura sean las mismas que las que tienen los que se sientan en pupitres y esperan que de su chistera de profesor, saque otra de sus lecciones sorprendentes. En un colegio de Brooklyn. n

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