Un ladrón irrumpe a patadas hasta en ocho pisos de un edificio del centro

La Policía Científica buscó pruebas piso por piso pedro puig

Cuando Elena Viturro se despertó sobresaltada por el estruendo, se dirigió al vestíbulo de su casa, situada en el número 8 de la calle Compostela. Eran las tres de la madrugada y estaba todo a oscuras. “Creí que se había caído el calentador porque el ruido fue espantoso. Entonces vi a un hombre en la puerta”, relata. Viturro, conocida por su labor como presidenta de la Asociación Española contra el Cáncer en A Coruña, solo podía ver una silueta, porque toda la luz provenía del pasillo: “‘Pero ¿Qué pasó?’ le dije y el me contestó ‘nada’ y se fue”. Al día siguiente, se descubrió que el mismo individuo había irrumpido en otros siete pisos (la mayoría oficinas) del mismo edificio. A patadas.
No cabe duda del método empleado: en una de las puertas dejó incluso estampada la huella de su zapato, que fue examinado con interés por la Policía Científica, que se pasó la mañana en el histórico inmueble (de cien años de antigüedad) de la calle Compostela. La mayoría de los pisos se han reconvertido a lo largo de los años en negocios, sobre todo despachos, como una notaría, pero también hay una tienda de lencería. Solo dos de los pisos son todavía viviendas, incluido el de Viturro.
Es muy probable que el ladrón creyera que todos los pisos estaban destinados a oficinas, y quizá por eso escogió ese método tan contundente para forzar la entrada. “Cuando se fue, escuché el ruido de la lluvia fuera y supe que había dejado el portal abierto, así que bajé”, añade Viturro. Sin embargo, la puerta de la calle no presentaba daños, por lo que una de las primeras hipótesis es que usara el conocido como método “del resbalón”, que consiste en introducir una lámina de plástico entre la cerradura y el marco de la puerta. Este método no funciona si se echa la llave, pero los empleados de las oficinas reconocen que ellos nunca lo hacen.

un curioso botín
A pesar de sus esfuerzos, el ladrón no consiguió hacerse con casi nada: sesenta euros en metálico, unas llaves y un sujetador. La parte más curiosa del botín la consiguió en una tienda de lencería del primer piso, “Los deseos de Eva”. Su dueña, Gemma Casal, recogía a primera hora los destrozos de la puerta interior, la más débil, que había quedado hecha añicos y los restos estaban contra la pared.
“Cogió 40 euros de la caja y se fue. También cogió el sujetador, no sé para qué lo querría. Supongo que le gustó”, comenta Casal. Sin embargo, la prenda de lencería apareció en el quinto piso, en otra de las oficinas allanadas.
Tampoco está muy claro qué es lo que pretendía haciéndose con un manojo de llaves en la sede de una inmobiliaria, a menos que pretendiera visitar los pisos en venta para robar en ellos. Por lo demás, revolvió muchas oficinas, cuyo contenido se encontraron los trabajadores por los suelos a medida que iban llegando, a primera hora de la mañana. “Nos fuimos enterando cuando veníamos, porque nadie nos avisó de lo que había pasado”, comentó uno de ellos.

Blindadas
En muchos casos, el daño se limitó a las puertas del exterior, de diseño antiguo. A pesar de tratarse de madera maciza, sus cerrojos no son muy fuertes y cedieron con facilidad a las patadas del ladrón, pero cada piso está dividido en varias oficinas, cada una con una puerta moderna, blindada, muchas de las cuales resistieron los golpes.
Todas ellas fueron examinadas por los agentes de la Policía científica, que cubrieron los paneles de polvos para buscar huellas dactilares. Mientras tanto, los afectados trataban de pasar página, lo que no es fácil. “Cuando alguien entrar en tu casa, te sientes como muy vulnerable. Es una sensación muy desagradable”, reconoce Viturro.

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