El Deportivo se autoliquida

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El Cádiz intuyó miedo y le echó el diente al Deportivo en un partido en el que Natxo González tuvo uno de esos ataques de entrenador que no suelen acabar bien. El Deportivo, lejos de mejorar sus prestaciones a domicilio, emborronó aun más su expediente como visitante. Ambicionaba el liderato y, en cambio, afrontará las vacaciones de Navidad con sabor amargo, superado por el Málaga en la tabla y, tal vez, por el Albacete y el Alcorcón. Los errores individuales y la falta de clarividencia en campo contrario le costaron la segunda derrota de la temporada, la más dura por el marcador y las sensaciones.

El técnico cambió el dibujo habitual. Prescindió del enganche, agregó un tercer central y apostó por el 5-3-2 que históricamente ha sentado bien a los blanquiazules, pero que en el Depor actual no tiene suficiente rodaje. Simón y Caballo fueron los carrileros, Duarte ejerció de líbero. El esquema, tal y como explicó el propio técnico a la televisión antes del partido, tenía plan B con Somma como lateral y Simón como extremo, pero no lo cambió hasta que el equipo ya estaba contra las cuerdas.

El Cádiz, que llevaba cuatro victorias seguidas en casa y había cortado en Málaga una serie de siete entre el Carranza y los partidos a domicilio, interpretó que el planteamiento de los coruñeses respondía a un exceso de recelo y respeto. Quiso hacer sangre en los primeros minutos. Presionó arriba y acorraló a los deportivistas, que tardaron seis minutos en cruzar el medio del campo con algo de criterio.

No funcionó el equipo a pesar de que poco a poco logró hacerse con la posesión para bajar las revoluciones del juego. Quizás, más que mérito de los coruñeses fue concesión voluntaria de los gaditanos. Pasaron a contener y morder en la transición. 

Los deportivistas se complicaron la vida. Un pase atrás de Bergantiños hacia Somma se convirtió en una entrega involuntaria a Jairo. El extremo del Cádiz encaró al italiano del Deportivo, asistió al centro del área y ahí completó la faena el ‘9’. Lekic, hombre gol, se zafó de la marca de Marí y batió a Dani Giménez, que se tiró de manera algo extraña. A Bergantiños le costaría el puesto en el descanso porque esos pases están prohibidos en este Depor.

El equipo tardó 25 minutos en presentarse con cierto peligro en el área del Cádiz. Centró Caballo, más suelto en campo contrario que en el propio, y en el segundo palo apareció Simón para intentar una volea que se le marchó muy desviada.
De un error del lateral zurdo antes de la media hora, surgió una falta peligrosa de Marí a Correa que Brian ejecutó centrada, solo unos centímetros por encima del larguero de la meta blanquiazul.

El Deportivo mejoró en el último cuarto de hora, pero no estuvo fino en el área. Otro pase de Caballo habilitó el remate de Borja Valle, que armó la derecha por no darle con la zurda y perdonó. Aunque para condonar al Cádiz, el árbitro, Díaz de Mera. El colegiado que expulsó a Quique ante el Málaga por golpear a un rival al intentar hacer una chilena, no le sacó una amarilla a Vallejo por cortar una contra y tampoco por darle una patada, sin balón por medio y con el juego ya detenido, a Pablo Marí, que acabó el primer acto renqueante. En cambio, a Duarte sí le amonestó antes del descanso. Dos de los tres centrales (Marí y el luso) jugaron la segunda parte condicionados por las respectivas tarjetas que vieron.

Natxo dejó en la caseta a Bergantiños, pero no retocó el sistema en el arranque del segundo periodo. Vicente se situó por delante de la zaga y Krohn-Dehli se encargó de la izquierda. El Deportivo rozó el empate con un disparo mordido de Borja Valle que sacó Cifuentes y con un cabezazo de Duarte a centro de Caballo que se marchó a la izquierda de la portería gaditana.

El equipo herculino no encontró soluciones, tampoco con la entrada del argentino Fede Cartabia, que besó el balón en una falta en la frontal que después se le marchó por encima de la portería rival. Estuvo más cerca un centro chut de Krohn-Dehli que se envenenó y obligó a Cifuentes a desviar a córner. El Deportivo quería pero no podía y el Cádiz le noqueó al contragolpe. Midió mal Pablo Marí, Romera lanzó el ataque sin que el central pudiera hacerle falta porque tenía amarilla, y Vallejo resolvió con un zarpazo.

Natxo introdujo entonces a Carles Gil,  pero ya estaba todo vendido. El Deportivo cerró el año con derrota, sin trasladar a domicilio la fuerza que tiene en casa, con cuatro puntos de los últimos quince como visitante y sin triunfos lejos de Riazor desde el 30 de septiembre. Si hubiera ganado habría llegado líder a 2019. La derrota, en cambio, le saca del ascenso directo. Las Navidades son menos dulces.

El Deportivo se autoliquida