Reportaje | Medalla de madera para los tres primeros en resolver un puzle de 500 piezas

Luis asegura que el entretenimiento activa la memoria y fomenta la paciencia
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Será la primera vez que se organice algo parecido en la ciudad y lo cierto es que la gente está respondiendo. De momento están apuntados al primer torneo de puzzles Ciudad de A Coruña más de la mitad del cupo total. La lista sobrepasa las diez parejas de las 20 que esperan, y que cuentan los días para demostrar el 27 en el hotel Plaza su potencial con los rompecabezas. Doctor Panush, especializado en este tipo de entretenimiento, pilota la experiencia.
Por la mañana, le tocará el turno a los niños que, divididos en tres categorías, le darán rienda suelta al arte de recomponer una imagen rota en 100, 200 y hasta 300 pedazos. Cuenta Luis Castro, de Doctor Panush, que tendrán dos horas para hacerlo. Los nacidos en el año que España ganó el mundial y un año después, 2010 y 2011, tendrán que construir uno de cien piezas. A los de 2008 y 2009, los organizadores les tendrán preparado uno de 200 y los de 2006 y 2007 tendrán la difícil tarea de darle forma a 300 teselas de papel esparcidas sobre una mesa que por la tarde se dirigirá al público adulto. A las 17.30 horas, se accionará el cronómetro para los que llevan años componiendo retos en el salón de su casa. Ellos se enfrentarán a uno de 500 y aunque todo depende de la imagen, dice el experto, el record lo ponen desde Madrid y está en 34 minutos.

A los tres primeros, Doctor Panush les coronará en el podio con puzzles de distinta raza y condición y una medalla de madera. El promotor de la idea explica que las está fabricando Kehtt, un artesano coruñés que recicla tablas de skate y las convierte en pajaritas, lámparas o pulseras: “Todavía están en proceso”.
La primera edición nace en colaboración con la Asociación Española de Puzzles (Aepuzz), que llevan lanzando convocatorias desde hace tiempo a los amantes de este juego que no pasa de moda. Luis cree que es adictivo. El puzzle hace trabajar a la memoria, relaja y permite desconectar de los problemas. En los niños, “fomenta la paciencia” y agranda el poder de observar por uno mismo, de buscar y no esperar a que la tablet haga todo el trabajo. Por todas estas cosas, lo que inventó un día un cartógrafo inglés de nombre John está llamado a sobrevivir en la era tecnológica.

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