Reportaje | La ampliación de la fachada de la Fábrica de Tabacos y la llegada del Finisterre

Fachada principal del edificio, ahora judicial, de la Fábrica de Tabacos | archivo ec
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La construcción del último cuerpo que cierra el conjunto de la Fábrica de Tabacos y que constituye su fachada principal se formalizó en 27 de mayo de 1908. Entonces se concedió a Eduardo Fuentes Urquidi, en concepto de administrador-jefe de la Fábrica de Tabacos, la licencia de obras para reformar y arreglar el edificio, con sujeción al proyecto presentado y aprobado por Real Orden de 27 de enero de aquel año, a condición de que se cerrase aquel espacio con zócalo y verja en la alineación que se indicaba, conforme a lo dispuesto en las vigentes ordenanzas. El terreno del frente, que pasa a ser fachada principal, no avanzaba a la línea oficial en la fecha señalada. Constituye lo que hoy en día se ve como la parte de la fachada que da al Jardín de las Cigarreras de la Palloza.


En sesión del 22 de junio de 1910 se dio cuenta del expediente relativo al señalamiento y línea de la verja de la Fábrica de Tabacos, así como de la rasante para la colocación del zócalo y la verja que habían de cerrar el frente de la nueva fachada principal del edificio. Este expediente fue promovido en virtud de instancia del administrador-jefe de dicho establecimiento.

Planos
Visto el plano del cerramiento y los informes emitidos por el arquitecto, así como el evacuado por la Comisión de Ensanche, acordó el Ayuntamiento, aprobar el aludido plano y señalar para emplazamiento de la verja una línea paralela a la nueva fachada del edificio de que se trata, trazada a la distancia de doce metros, debiendo redondearse los ángulos o esquinas, según la imposición con la cual fue aprobado el proyecto de ensanche y la rasante que en sus últimos informes definieron el arquitecto y la junta de obras del puerto.


De este modo quedaba constituida como parte frontal de la propia Fábrica de Tabacos y la que se había de consolidar en el siglo XX, como la nueva entrada de la entonces más que centenaria Fábrica de Cigarros de A Coruña, pasando la antigua entrada principal del lateral oeste, a considerarse de servicio de personal y de mercancías en general. Por tanto esta línea arquitectónica es de nueva construcción y se añadió al resto de la edificación cerrando el solar en un cuadrado con dos patios interiores, orgullo de los coruñeses en general y de las cigarreras en particular, en cuyas instalaciones trabajaron muchas generaciones hasta que finalmente se le echó el cierre.


Ahora, cuando está en el candelero la venta del complejo La Solana y el hotel Finisterre, es preciso hacer un poco de historia sobre dicho establecimiento hotelero. Un expediente el 27 de agosto de 1945, instruido en virtud de la instancia presentada por Armando Casteleiro Varela, solicitaba la autorización para construir un edificio destinado a hotel en el Paseo de la Dársena, donde antaño se levantaba la vieja Cárcel Real de esta ciudad e inmediato a la playa del Parrote.


Se dio entonces lectura al informe, en cumplimiento de lo acordado por la Comisión municipal Permanente en su sesión celebrada el día 7 de dicho mes de agosto, en que se otorgó la correspondiente licencia para la ejecución de las obras.

Solución rápida
Según el Ayuntamiento, en su afán de buscar una solución rápida que plasmase en realidad las ansias de A Coruña de contar con una institución hotelera que mostrase la importancia de la ciudad en la captación de turismo de alto poder económico, se propuso que se ofreciese a la empresa que se encargase de la construcción del hotel y de su explotación.


Las máximas asistencias y facilidades, entre las que figuraban facilitar gratuitamente el solar, cuyo valor se cifraba en dos millones de pesetas, permitirían su hipoteca para servir de garantía a los préstamos que pudieran obtenerse para la edificación, eximiéndola además del pago de los derechos de licencia de construcción y de las de apertura del establecimiento y de los diferentes servicios que en él se instalasen (restaurante, bar, café, garajes, peluquería, etc.).
A cambio de todo ello, se exigía que la capacidad del hotel, no debía ser inferior a 150 habitaciones, susceptibles de albergar con pensión completa a 250 personas diariamente.


Pues bien, a pesar de ello, no se había logrado el propósito de dotar a la ciudad coruñesa de un servicio que era indispensable a todas luces, si se quería seguir ostentando dignamente el título de “Ciudad de Verano” y que los forasteros continúen considerándola como lugar preferido en la época estival.


La carencia de un establecimiento capaz y el problema que representaba para A Coruña se conjura en parte con el nuevo edificio, lo que llena las aspiraciones mínimas del Ayuntamiento.

Capacidad
El proyecto que Armando Casteleiro pretendía construir constaba de 148 habitaciones con capacidad suficiente para albergar a 202 visitantes con pensión completa en su estancia en la ciudad.


La ponencia de los servicios de Hacienda, aún sintiendo discrepar del parecer de la de obras, creyó que el proyecto de Casteleiro debía contar con el máximo apoyo de la Corporación municipal, mereciendo su iniciativa de dotar A Coruña de un hotel, que por su traza y magnitud estaría en relación con la importancia de la ciudad. De prosperar este criterio, debería aplicarse asimismo en todos aquellos casos en que por los particulares construyesen edificios de nueva planta que sean dedicados exclusivamente a hotel y siempre que fuesen declarados de utilidad pública por la superioridad.


El Ayuntamiento acordó en Pleno aprobar en todas sus partes el informe de la ponencia de Hacienda y proceder de conformidad con cuanto en él se proponía. Así, dicho hotel se construyó y a día de hoy se haya inmerso en la polémica que le rodea junto con el complejo La Solana.

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