Los servicios de emergencia se ponen en guardia por olas de cerca de siete metros

Aunque ayer no había grandes olas, las embarcaciones navegaban por la bahía con dificultad javier alborés
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  Las grandes olas que se esperan mañana por la tarde y que podrían llegar hasta los siete metros de altura han activado la alerta roja de los servicios de emergencia e impulsado al Ayuntamiento ha decretar el cierre de las playas de Riazor, Orzán y Matadero. Es por eso que desde las diez de la mañana hasta las doce de la noche, nadie podrá pisar los arenales.

En todo caso, el teniente de alcalde de Seguridad Ciudadana, Julio Flores, pidió la máxima colaboración de los ciudadanos, para que se comporten con “precaución y prudencia” y eviten acercarse al litoral durante este día. María José Rodríguez, responsable de Protección Civil, señaló que “es en pleamar, a las cuatro menos veinte de la tarde, cuando estaremos más atentos. Aunque iremos modificando el dispositivo en función de las necesidades, de momento está dispuesto el que es habitual en estos casos”.

La pleamar se espera para las cuatro menos veinte    de la tarde, y será el momento de mayor peligro

 

Es su servicio el responsable del despliegue que acompaña a una alerta de este tipo, y que incluye cerrar los arenales y disponer a voluntarios en lugares expuestos, como el Millennium o Las Esclavas, para asegurarse de que los precintos son respetados por el público: en la última alerta naranja, que sucedió el pasado 8 de marzo, cuatro turistas británicos invadieron la playa de Riazor, haciendo caso omiso de los precintos, y fueron empapados por las olas, así que Protección Civil tuvo que proporcionarles mantas térmicas. “Ése fue un hecho puntual que no suele suceder”, resaltó Rodríguez.

En aquella ocasión, las olas que se estrellaban contra los arenales tenían cinco metros de altura, pero en este temporal, la información meteorológica facilitada por la Autoridad Portuaria hace temer que las ondas, impulsadas por ráfagas de viento de entre 75 y 95 kilómetros por hora puedan llegar a alcanzar los siete metros, de ahí que se hayan extremado las precauciones: en la mente de todos sigue muy presente la tragedia de la madrugada del 27 de enero, cuando el estudiante eslovaco Tomas Velikcy, que se encontraba de fiesta durante una alerta naranja, bajó en compañía de unos amigos al Orzán, y una ola le arrastró a él y a tres de los policías que trataron de rescatarle.

 Jornada dura > En un principio se había sopesado la posibilidad de que el nivel de la alerta pasara a rojo. Durante la mañana de ayer cuando el mal tiempo ya hizo que el servicio de coordinación de emergencias transmitiera el consejo de pasar a la alerta amarilla en toda la costa oeste gallega, los responsables municipales aún no lo habían decidido, y no fue hasta la tarde que se determinó fijar el nivel de alerta en naranja, lo que obliga a cerrar las playas al público, pero no el Paseo Marítimo, por donde podrán seguir circulando tanto vehículos como peatones. Los expertos señalan que, a pesar de todo, la de hoy será una jornada dura “con tiempo como el que no hemos tenido durante el invierno”.

En especial, se esperan olas bastante espectaculares, durante la pleamar porque el viento es de superficie, que agita el océano, al mismo tiempo que hay mar de fondo. El viento es del oeste, que no incide tanto en la costa coruñesa como el de noroeste, pero sí que afecta más que el viento del sur suroeste, del que la ciudad está protegida por el monte de San Pedro y por su orientación.

Los servicios de emergencia se ponen en guardia por olas de cerca de siete metros