“En Estados Unidos, los espectadores me decían: ‘Ponéis a todo el mundo junto’”

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Carlos Núñez abre una ventana en Estados Unidos. Deja que la música entre y se va a Escocia para afianzar lazos. Antes, se pasa por la ciudad y le da de comer a la tradición. Con nuevos sistemas y esa sensación de que está empezando otra vez.

Regresa por Navidad como el turrón...
Estoy encantado de volver por varias razones. A Coruña en estos momentos tiene un significado especial porque es el lugar clave de mi próximo proyecto en el Glasgow Royal Concert Hall, donde presentaremos “Atlantic Corredor”. Es un encargo sobre las últimas investigaciones de los estudiosos de la gaita en Escocia, que revelan que esta vino de Galicia en el siglo XIV o XV. Tirando de ese hilo, hay todo un concepto de que en el corredor atlántico había una conexión.

¿Cuándo se produce?
Desde que se sabe que había comercio. Incluso hay historias y canciones que hablan de A Coruña. Una de ellas la tocaremos hoy en el Rosalía. Es de Domhnall Ruadh Chorùna, que luchó en la guerra napoleónica y desembarcó en A Coruña para ayudar a los gallegos. También aparecieron cosas increíbles como el regimiento de Galicia, que atracó en 1700 en Escocia para echarles un cable en su independencia. Lucharon con Rob Roy, el Robin Hood de los escoceses, y lo último que se sabe de ellos es que desaparecieron en Highlands.

¿Ellos aprueban estos lazos que les unen a Galicia?
Sí, quieren que así sea. Todo lo bueno para ellos viene del sur. Breogán, el libro de las conquistas, la Torre de Hércules demostraban nuestra unión con Irlanda, pero la conexión se produce también con Escocia. Han aparecido poemas gaélicos muy antiguos. Todo lo que parecían puras leyendas, están adquiriendo una base científica.

Algo que usted ya daba por supuesto.
Es curioso porque yo empecé con las conexiones más complicadas, con el flamenco y Latinoamérica. En lo más obvio no tuve tiempo en profundizar y estoy encantado porque a la gente esto le hace soñar.

En Inter-Celtic también se respira esta unión que cada vez coge más peso.
“Inter-Celtic” surgió de la necesidad de enseñarle a los Estados Unidos las sutilezas de nuestra música. Igual que los escoceses e irlandeses, nosotros también recalamos en Latinoamérica. Es la música celta del futuro. Une a latinos con celtas del norte. Allí, los espectadores me decían: “Ponéis a todo el mundo junto”. Les fascinaba. Yo les explicaba que los gallegos lo llevamos dentro porque somos maestros de la mezcla. Me pareció que debían escuchar a flamencos tocar música celta y mi gaita es una especie de guitarra eléctrica de percusiones.

¿Esto todo se podrá escuchar hoy en el Rosalía?
Sí, además me acompañará el violinista norteamericano Jon Pilatzke, que es un auténtico showman.
Después del boom de donde salió, han dejado de salir gaiteiros a la palestra. ¿A qué cree que se debe?
Para ayudar a que salgan y que pasen cosas, en el concierto de mañana tocarán los cinco finalistas de una beca convocada por Abanca. Todo surgió a raíz de componer la sintonía para el banco cuando les propuse que apoyaran a jóvenes talentos mandándolos con nosotros de gira. Creo que es necesario darle un empujón como me dieron a mí The Chieftains.

¿Hay conciencia de país?
Galicia podría aprovechar más el poderío de tener cosas tan especiales que el resto del mundo no tiene. Por eso, yo se lo ofrezco. Con nuestra filosofía de vida y, sobre todo, con ese sentimiento de irmandade, que está por encima de todo.

¿Cómo sobrevive un músico que se aleja de lo comercial?
Inventando y con la sensación de estar empezando otra vez. Para ello, busco nuevos sistemas porque la música fue como una flor de loto ante el tsunami tecnológico. Fue la primera en darse cuenta del cambio.

“En Estados Unidos, los espectadores me decían: ‘Ponéis a todo el mundo junto’”

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