Sin ninguna duda acerca de la autoría del suceso, los jurados deberán determinar, en base a los informes médicos y psiquiátricos que durante esta semana serán llevados al juicio, si, como mantiene la defensa, el crimen fue producto de una “crisis emocional” o la manifestación de una personalidad “manipuladora”, tal como cree la fiscal. “No se le cruzó el cable, tenía clarísimo lo que iba a hacer”, razonó ayer la representante de la acusación, remitiéndose a los informes que descartan cualquier anomalía psíquica.
Mientras, la representante legal del hombre echa mano de su historial clínico, con tres intentos de suicidio y tratamiento psiquiátrico hasta los 19 años, para desbaratar esa tesis, en contra incluso de la palabra del acusado. Porque él se declara en sus cabales; “aunque me venga mal para el juicio”. No obstante, vuelto a preguntar, reflexiona, al compararse con otros presos de su módulo, aquejados de esquizofrenia. “Ellos también te dicen que están perfectamente. ¿Estoy bien? Pues no lo sé”. n a.b.




















