Reportaje | Una especie de bazar como los de antes orientado a la impronta

El local está en el número 2 de Campo da Estrada | pedro puig
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Empezó con un taller de pintura y restauración, pero pensó que la Ciudad Vieja era un buen lugar para descansar. Así que el arte descansa desde mayo en Bazzart, donde Juan Miranda expone un poco de todo como en aquellos establecimientos de antes en los que uno se podía hacer con queso y cuchillos a la vez, pero orientado a la impronta.
En el número 2 de Campo da Estrada, una puerta roja se abre de lunes a viernes de 09.30 a 14.00 y de 17.00 a 20.30 horas. Tras el umbral, se presentan con pajarita una escultura de Santi Collazo, de estilo cubista. Le da la mano a las pinturas informales de Eduardo Valdés y las de arte pop de Guillermo Jack. También aparca Elena Malleira que, además de artista, da clases en la escuela de Artes y Oficios Pablo Picasso o los grabados de Diana Aitchison y entre todos saludan a propios y extraños, también a turistas, dice Miranda, “sobre todo si pongo música de Camarón”.
El proyecto está enfocado como una galería con una base permanente de piezas puestas al sol, más dos colectivas al año, “y alguna individual”. Entre tanto, el propio Miranda muestra su colección de creaciones, “no me gusta que me encasillen porque le pego a todo, desde obras realistas a abstractas”. No es la única faceta que Juan practica. Pinta, vende, aconseja sobre arte y restaura, y esta última es la que sostiene el negocio porque son muchos los particulares que se acercan con su pequeño patrimonio dañado.
A día de hoy, el experto trabaja en una tabla de 1900 a la que estuca sus lagunas y retoca. Le puede llevar dos semanas la rehabilitación y junto a una pintura holandesa, tiene para restaurar una talla de San Gregorio con biblia o un cuadro del coruñés Juan Fuentes, del que Manuel Arenas tiene en su despacho un retrato de su padre. De todas estas cosas se entera Miranda cuando le llega un nuevo encargo: “Me gusta investigar”.
Bazzart no es una galería al uso. Tiene toque vintage y a los artistas les encanta. Por eso, le sobran novias, pero anima a que todos los que cultivan la impronta entre Monte Alto y Elviña propongan y traigan. A que sean parte de un ecosistema donde Otaduy ofrece su arte visual o Fat Fish pincha música. l

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