Novo Mesoiro pone en el punto de mira a la caza

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Hace años, cuando todavía no se levantaban sobre la loma los bloques de pisos de Novo Mesoiro, toda aquello era una zona semirrural, donde los núcleos de Feáns, Mesoiro y Castro de Elviña. salpicaban los huertos y campos. En un lugar que parecía muy lejano del bullicio de la ciudad se practicaban las actividades propias del rural: la agricultura, la ganadería... Y la caza, en el coto que pertenece a la sociedad deportiva San Fernando-Vicente. Pero cuando se levantó el nuevo barrio, se hizo justo en medio de los terrenos que antes los cazadores solo compartían con faisanes, conejos, zorros y el ocasional jabalíes. Y, en contra de lo que pudiera parecer, la relación no es mucho mejor. 
El problema radica en  que los vecinos de Novo Mesoiro escuchan de vez en cuando el sonido de los disparos de los cazadores, lo que les causa inquietud a pesar de que nunca se ha registrado ningún accidente. La ley dice que se puede disparar a cien metros de las zonas habitadas, pero la Asociación Animalista Libera ha anunciado que piensa solicitar a la Xunta de Galicia que inicie los trámites para declarar una parte del coto, la más cercana al barrio coruñés, como “terreno no cinegético”. 
Esto ha despertado la indignación de la sociedad que preside Héctor Gromaz, que considera que ya han cedido demasiado terreno a la ciudad. “Siempre se ha tratado de apoyar la integración de las personas de este nuevo Barrio a la zona rural en donde se encuentra. Se han facilitado huertos urbanos, colegio…”, enumera.
Así que quieren conservar el coto de 972 hectáreas para lo que se pensó, pero la práctica cinegética choca con los vecinos, que tienden a buscar el contacto con la naturaleza abandonando el barrio y sus zonas verdes para pasear por el monte. A eso se refieren los animalistas cuando denuncian que cada año el barrio está prácticamente cercado durante los cuatro meses que se autoriza la temporada de caza, “vulnerando los derechos de las personas no cazadoras a disfrutar del entorno natural de Novo Mesoiro por miedo a ser alcanzadas por un tiro”.
Es un argumento que Gromaz rechaza de plano. “Me gustaría recordar que los montes pertenecientes a este tecor son de uso y propiedad privada, algo que la gente no quiere entender”. Además, aunque la época de caza menor va desde mediados de octubre hasta el día de Reyes, en realidad solo cuentan 27 o 28 días al año: jueves, domingos y festivos, sin tener en cuenta los días de batidas autorizadas. El resto del tiempo, los conejos y zorros pueden pasear con tranquilidad por los montes, igual que los vecinos de Novo Mesoiro. Una tranquilidad que, como recuerda Gromaz, era mucho mayor antes de que se construyera el nuevo barrio. 

molestias
“En general, la gente del pueblo está contenta con los recién llegados, pero eso no quita que tras su creación hayan aparecido una serie de problemas para la gente del pueblo anteriormente inexistentes”, señala. Entre ellos enumera los pequeños robos (afirma que ahora ya no se pueden dejar las puertas abiertas), más volumen de tráfico y, lo que es muy importante para los cazadores, los incendios, que han devastado grandes extensiones de monte y que se dan cada pocos años. 
Además, Gromaz niega que exista peligro para los residentes, diga lo que diga Libera, que pone el acento en las zonas infantiles al aire libre y en el riesgo que existe para los menores: “Cualquiera que diga que existe peligro disparando con perdigones con un margen de cien metros no sabe de qué habla”. 
Por el contrario, los cazadores ponen en el punto de mira otras actividades que les han molestado en los últimos años, en los que motoristas y ciclistas han comenzado a invadir el coto, destruyendo cierres centenarios para crear circuitos, con el consiguiente daño al entorno que, durante años, ellos se han encargado de cuidar. n

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