
El envejecimiento continuo de la población coruñesa, más en un momento en el que muchos jóvenes se marchan de la ciudad al extrarradio buscando una vivienda más barata o emigran al extranjero para conseguir un trabajo, no es ningún secreto. No obstante, algunos estudios revelan datos verdaderamente preocupantes. Con el cierre del pasado ejercicio, el Instituto Galego de Estatística (IGE) constató que en tan solo cinco años el número de vecinos mayores de 85 años creció casi un 23%.
En concreto, desde 2013 hasta 2017 este sector de la población de la ciudad subió un 22,6%, alcanzando así las 8.684 personas de 85 años o más. Detrás de Vigo es la segunda de las grandes ciudades gallegas con un ratio tan alto, aunque el porcentaje dentro del conjunto del padrón no resulte tan elevado.
Sí lo es cuando a los mayores de 85 se le suma toda la masa existente en el rango de edad comprendido entre los 65 años y ese límite. Aunque no todas estas personas se han acogido a la jubilación, A Coruña cuenta hoy en día con una masa potencial de pensionistas –la mayoría de los cuáles ya lo son– de más de 57.270 individuos.
Casi una cuarta parte
En este caso sí representa una cantidad importante en el cómputo global de la población. Prácticamente un cuarto del padrón coruñés (realmente un 24%) estaría formado por gente en condiciones de jubilarse o ya en ese estado inactivo para el mercado laboral. Otros 35.685 vecinos son aquellos entre 0 y 17 años.
Poco después de que salieran a la luz estos datos, el IGE publicó las estadísticas definitivas de defunciones de 2016, último año del que se realizaron los cálculos. Según estas, el número de fallecimientos en A Coruña se mantiene estable desde hace años. En ese año apenas murieron 70 personas más que durante el ejercicio anterior, eso sí la mayoría de las que perecieron fueron mujeres.











