Reportaje | La medicina que reparte la enfermera cuando sube al cuadrilátero

La coruñesa se entrena tres horas diarias y espera bajar de peso para tener más contrincantes
|

Desde pequeñita le llamaron la atención los deportes de contacto, pero esa atracción quedó ahí ,intacta, hasta que con 31 años vio los rótulos de un gimnasio en Sada, el Club Boxing Sada. No podía dejar pasar el tren y se apuntó. Por entonces, ya se ponía un pijama verde como enfermera del Chuac.
Fueron dos inquietudes que le llevaron a ser lo que es porque, por un lado, y a pesar de tener problemas de obesidad cuando era niña, no dejó de practicar fútbol y baloncesto o la especialidad que marcase la moda en los recreos y por otro, siempre le interesó el mundo de la salud desde que con dientes de leche esperaba por su madre en el hospital de As Xubias.

Pensó que algún día ella también peinaría los pasillos y lo hace. En Ferrol donde estudió la diplomatura de Enfermería, se inició en el kickboxing. Le gustó mucho, pero era época de vacas flacas y había que comer muchos macarrones con atún para sobrevivir, así que decidió ahorrar el dinero de las clases y dormir por un tiempo al gusanillo, pero una vez que puso un pie en el centro sadense y se calzó los guantes, supo que aquello estaba hecho para ella.
Rápidamente, empezó a perder peso y en estos tres años de entrenamientos, bajó de los 97 a los 75 kilos, que es la categoría donde pelea ahora. Su intención es seguir adelgazando porque cuanto más ligera más contrincantes tendrá y aquí ha venido a disfrutar y pasárselo bien: “Acabo de llegar de Portugal, en Odivelas, pero no pude competir porque no se presentaron las otras”.
Hace dos semanas participó en una velada en Las Palmas, la Werdeum Boxing Event. La ganó. Y es que de tres peleas, tres victorias y a pesar de lo que la gente pueda pensar, lo que más le gusta a Olga del boxeo es que es super respetuoso: “No busca hacer daño al rival, mi única forma de ganar es contactar más golpes, pero no lastimarle”.

Un duelo acaba siempre en abrazo y esa misma voluntad la comparte también en su trabajo porque “sanamos y colaboramos para que todo vaya bien”. Además, ser enfermera requiere mucha fortaleza porque “tenemos turnos muy complicados y estás con la gente cuando está en momentos bajos” así que pasar tres horas con los guantes puestos es como una vía de escape.
En ese sentido, asegura tener mucha suerte porque sus compañeros hacen lo posible para cambiarle las horas en caso de competición.

Reto personal
Como un reto personal, le saca punta a la buena técnica que tiene tanto de ataque como de guardia y aunque sabe que llegó tarde, sus aspiraciones crecen: “En el amateur, mi entrenador me dice que voy muy bien”. José Manuel Sanmiguel es una de las personas con las que pasa más tiempo. El adiestrador le anima a que continúe y de los tres combates vencidos, se queda con la satisfacción del trabajo bien hecho, de pensar que la dieta y el entreno “merecen la pena”.
Olga estudia al rival, va a por sus puntos débiles, pero, sobre todo, se concentra mucho para desplegar lo mejor de ella porque lo importante, asegura, “es como te enfrentas, lo que llevas preparado ya que aunque partas de favorita, en un segundo te vas al suelo, una mano te hace caer por eso tienes que estar seguro a tope”.
Con esto del boxeo, Olga cuenta que arrastró también a su familia. Su novio le acompaña a cada cita y “me apoya muchísimo”. Es aficionado al deporte por su culpa. Como en todo, la boxeadora y enfermera dice que la técnica es importante. Ella se cierra muy bien, pero la constancia está por encima de todo y, en eso, no hay quien la pare: “Entreno como una jabata”, confiesa.

Reportaje | La medicina que reparte la enfermera cuando sube al cuadrilátero