Unos Mestre Mateo rebozados de reivindicación

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“Una sonrisa, Luís” y Tosar sonrió para la cámara en un photocall por el que también pasaba una elegante Emma Lustres con uno de sus retoños de la mano. La fiesta de los décimos premios Mestre Mateo se degustó ayer en Palexco a ritmo de cabaré y reinvidicación. Con la voz de María Castro representando a un sector que ayer se vestía de gala para festejar que seguían estando vivo. A pesar de todo.

En el patio de butacas, una fila entera de autoridades. Desde allí, recibía con buen humor las críticas el alcalde Carlos Negreira, el conselleiro de Cultura, Jesús Vázquez, o los portavoces del grupo socialista y nacionalista, Francisco Cerviño y Ana Pontón. Y hasta allí le llegaban al resposable de Cultura de la Xunta unas tijeras de grandes dimensiones. Enviadas de una remitente con apellido Merkel.

Con una primera puesta en escena a modo de musical en el que decenas de niños del ballet Druida aseguraban bailando que estaban acostumbrados a no tener dinero para comer, la gala se fue endulzando poco a poco con pequeños gags donde la actriz de “Sin tetas, no hay paraíso” le quitaba importancia a la crisis actual atendiendo a otras anteriores donde los banqueros saltaban rascacielos abajo. La ceremonia fue así hasta el siglo XIX y se disfrazó de años 30 para recibir a los primeros distinguidos de la noche.

Y si una Camila Bossa, mejor actriz de reparto, dedicaba su premio desde la distancia a los magníficos profesionales que están en el paro, Mourelos decía en calidad de mejor intérprete de reparto que en Galicia “temos unha maneira especial de facer as cousas”. Para seguir con Luís Tosar interpretando la de “If I were a rich man” en versión gallega y con pases de baile incluidos. Con este telón de fondo, Bossa arremetía contra los gobiernos que recortan la cultura en nombre de la recesión económica. A ellos les hacía ver en diferido que hay riqueza suficiente como para no tener el sentido crítico igual de trasquilado.

Mientras, María Castro daba pistas para levantar el país. Convertía Galicia en un plató americano con mejor clima que Almería e invitaba a que la Academia aprobase también el copago y cobrase un euro por entrada a la gala. Esto daba paso al discurso del presidente de la Academia Galega do Audiovisual, Antonio Mourelos, que afirmaba que el trabajo de todos solo se puede reivindicar con talento y creatividad para añadir que no es el momento de criticar a la administración “aínda que tal vez o mereza máis que nunca”.

 Galardones > En cuanto a la quiniela de premios, la también distinguida con dos Goya, “Arrugas” no tardaba en subirse al estrado. La película de animación resultaba ganadora en las categorías de sonido y música original y Antonio Durán “Morris” se hacía con una estatua por su papel en “Doentes”. Ambientada en los años 50 y durante una larga noche en Compostela. Por su parte, Susana Dans se llevaba el reconocimiento de la academia por su recreación del personaje en “Emilia Pardo Bazán, a condesa rebelde”. Más tarde, una Dolores Ben recibía la ovación de todos sus compañeros de profesión por una vida apostando por el audiovisual.

Ángel de la Cruz volvía a bajar escaleras una vez más para recibir galardón por mejor guión junto con Ignacio Ferreras, Paco Roca y Rosanna Cechinni, y Sandra Sánchez se repetía como una postalilla encima del escenario por “Tralas luces”. Tan solo tres semanas después de dar a luz, la realizadora recogía trofeos por el mejor documental y mejor directora del mismo.

En este sentido, los Mestre Mateos quisieron para este año una entrega repartida y si “Eduardo Barreiros, o Henry Ford Galego” salía vencedor del premio a la mejor película de televisión, la interminable noche compostelana reflejada en “Doentes” se alzaba como el mejor largometraje de 2011. En una fiesta que acabó como empezó. Con música y baile.

 

Unos Mestre Mateo rebozados de reivindicación