El COAG achaca lo peor del temporal a la falta de limpieza de las alcantarillas

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Tras el temporal que la ciudad soportó el lunes y que provocó inundaciones en aparcamientos, bajos y túneles, el día de ayer supuso un respiro. Excepto para el Ayuntamiento, que tuvo que soportar un chaparrón procedente del presidente provincial del Colegio de Arquitectos de Galicia (COAG), Carlos Pita, que echó en cara la falta de previsión municipal en el mantenimiento de las alcantarillas y de las canalizaciones de pluviales, que no estaban en las debidas condiciones de limpieza.
Aunque el propio Pita reconoció no ser un especialista en instalaciones urbanas, señaló que lo ocurrido el lunes era previsible después de un largo verano, con muy escasas precipitaciones, durante el que la basura se ha ido acumulando en los conductos que desaguan en el océano. “Con las primeras lluvias fuertes del otoño, los conductos no dan más de sí”, continuó el arquitecto. De manera que estos episodios son normales. “Por desgracia, porque no debería, pero sí es habitual”.
El propio Ayuntamiento, en la persona del concejal de Infraestructuras, Martín Fernández Prado, reconoció que no existía un mantenimiento adecuado de las   alcantarillas y desagües de la ciudad al anunciar que el gobierno de Carlos Negreira es el primero en licitar un contrato de mantenimiento para la red de alcantarillado por un valor de 600.000 euros. “Con esta medida, esperamos que se mejore la operativa de la red en días críticos como el que vivimos ayer (por el lunes)”, declaró el concejal de Infraestructuras, que anunció un plan de saneamiento de tuberías que comenzará a funcionar el próximo mes.

en pleno centro
Para muchos será demasiado tarde. Según el parte de incidencias de la Policía Local, durante la tarde del lunes se atendieron hasta 14 llamadas que alertaban y los bomberos llegaron hasta las 26 intervenciones a lo largo de una tarde agotadora que comenzó pasadas las cuatro y que no finalizó hasta bien entrada la noche. La mayor parte de estas incidencias se registraron en el Ensanche, donen calles como Panaderas, Juana de Vega, Santiago, Alameda o la del alcalde Pérez Ardá.
Como recordó el propio Pita, se trata de una cuestión de física. “Es casi como el principio de Arquímedes: cuando metemos un volumen en el agua, el agua empujará hacia arriba”, ilustró. Y como gran parte del Ensanche es una zona ganada al océano, es normal que la pleamar empujara con fuerza el agua de lluvia hacia las zonas más bajas de la ciudad, con el resultado de una gran cantidades de locales comerciales inundados.
Esas inundaciones habrían podido paliarse de estar el alcantarillado en perfectas condiciones. Fuentes municipales recuerdan que en el peor momento del temporal, los operarios levantaban las tapas de los sumideros para descubrir bolsas de plástico y otros desperdicios taponando la salida del agua. Pero algunos señalan que una gran parte de estos tapones se formaron por la propia fuerza de la lluvia en el momento de la tormenta. Un caso claro fue el de Matogrande, cuando el agua empujó a un newjersey de plástico (un obstáculo provisional para canalizar el tráfico) hasta la boca de la alcantarilla, lo que provocó una enorme embalsamiento.
Para Prado, la ciudad resistió “razonablemente bien” los 65 litros por metro cuadrado que cayeron en menos de seis horas y agradeció la labor de los servicios de emergencias: “Lo que más ha sufrido ha sido el pavimento y se están llevando a cabo 35 obras para reforzarlo”.
De todos modos, el edil considera que las Infraestructuras dieron la talla: “hubo un período punta que coincide con la pleamar y se combinan en unas condiciones extraordinarias, así que el sistema funcionó bien para unas condiciones tan adversas como las que se dieron”. Y puso como ejemplo “otras ciudades con datos menos adversos” que sufrieron más los efectos de la alerta de temporal. Estas condiciones se reflejan sobre todo en las precipitaciones, puesto que el viento no causó ningún incidente digno de mención durante toda la jornada. EN cambio, los pluviómetros registraron 65 litros por metro cuadrado en solo seis horas lo que es, como el propio Fernández Prado se ocupó de recalcar, más que todo lo que se recogió durante el largo verano que ya ha quedado atrás. n

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