La esencia del rey del pop art descansa en la ciudad

El Ideal Gallego-2016-03-23-036-9fa58f33_1
|

Hoy están aquí, pero la mayoría del tiempo las obras cogen las maletas y se van a poblar nuevos escenarios. Art & Projects gestiona una selección de piezas del universo Warhol por medio mundo así que cuando no toca itinerar, estas duermen bajo techo coruñés. Entre los fondos, uno puede ver la silla eléctrica que adquirió el referente del pop art para deleite de él mismo y sus camaradas, que se sentaba a ver cine con Polanski en una de estas con hierros para sentir escalofríos a la vez que comían palomitas. 
El galerista Salvador Corroto cuenta que la máquina data de los años 20 y afortunadamente no mató a nadie. Nació de una serie de tres que se fabricaron como prueba para ver si funcionaban: “Son ajustables y las otras dos se deshicieron”, una porque el museo propietario no quiso relacionarse con nada que tuviera que ver con esta forma de aplicar la ley y la otra, de la fábrica, porque simplemente terminó en el desguace. Es por tanto la única superviviente gracias a que The factory supo reconvertirla: “La hicieron obra de arte pero como alegato contra la pena de muerte”. Así es que en ella vertió toda la crítica social adherida a las correas por ser los afroamericanos e hispanos los más ejecutados. 
Aunque le faltan las instrucciones en las que se guía en la reanimación del que resultó ser más fuerte a los calambrazos de la pena, el objeto levanta, ante todo, curiosidad en un aposento donde Warhol se alía con su alumno Basquiat: “Dentro de la Factoría ocurría de todo, música, artes plásticas, diseños. Eso que se lleva ahora, el coworking, lleva mucho tiempo inventado”. Su discípulo y amante murió joven, “de ahí que su obra se cotice a precios de locura”. De la pareja hay dos piezas, una en la que versionan al “David”, de Miguel Ángel, y otra en la que se puede ver a Warhol en el gimnasio y es la plasmación en pintura de una foto que también mueve la firma, donde el inexpresivo artista calza guantes de boxeo. 
Andy aparece en otras dos instantáneas más. Las firma Christopher Makos. Las que se pasearon por La Toscana o Lisboa se completan con obras que dan paso a otro colaborador, Pietro Psaier. Son las famosas Marilyn que Warhol transformó en icono: “Compró un fotograma de la película ‘Niágara’”, que recoge perfectamente su esencia. Porque al lado de su belleza, está la infelicidad. En otra, el símbolo de los Rolling se apoya sobre retratos eróticos. Y el mito se hace más mito todavía.

La esencia del rey del pop art descansa en la ciudad