Joaquín Berges | “Si no luchamos por nuestros sueños, también somos desertores”

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Para acabar de escribirla, Berges fue a Somme y respiró el silencio de un gran camposanto donde los cráteres de las minas son hoy vaguadas y la hierba tapa los agujeros de los obuses. El viaje le sirvió al escritor para acabar otro viaje, el que traza en su novela, que es el viaje de la verdad. “Los desertores” (Tusquets) es un trozo de fango, de realidad y ficción y de poesía. Es todo eso junto y moviéndose en un camión de la fruta.

El libro encierra tres estilos completamente distintos. 
Son distintos planos de escritura porque por primera vez utilizo realidad y ficción. Está la historia real de los dos desertores de 1916 y la ficción de personajes que invento para que se dejen conmover por los desertores , con capítulos reales donde doy cifras de bajas de la primera Guerra Mundial y se respira la crudreza de las trincheras.
 
Quizá el conflicto menos tratado.
Es verdad, sobre todo, en España, donde la segunda Guerra Mundial tocó más porque participamos indirectamente y nuestra propia guerra, pero esta fue muy interesante porque fue la última romántica, de cuerpo a cuerpo, donde se dibujó una línea occidental, a un lado construyeron las trincheras unos, al otro lo hicieron los otros y en el medio se ametrallaron.  

Cuenta en el libro que todo se inició por una discusión “familiar”.
Fue un poco eso, una discusión entre estados que no se pusieron de acuerdo y provocaron un conflicto y crearon un efecto de euforia y un sentir patriótico que se disipó en la primera batalla, en la que cayeron 20.000 británicos, 19.000 antes de las doce del mediodía. Lo demás fue penuria, ratas, cadáveres y fango, un sin sentido porque ni siquiera se liberó a una población que estaba bajo un tirano. 

Hay desertores de guerra y desertores actuales, pero ¿quién no lo es?
En los dos años que estuve escribiéndola, me lo pregunté todos los día, “¿de qué cosas deserté hoy?”. Es un modo de supervivencia, en tiempos de guerra desertas por la vida, y en tiempos de paz por tu independencia y por amor propio. Para eso construí una unidad familiar muy complicada con un origen que es Juana, confinada en su cama con la luz apagada. No sé si existe esa enfermedad neurótica o al menos con tantas aristas. Por eso, Jota, el otro protagonista junto a los desertores de la guerra, empieza herido. Y es el lector quién dedice qué deserción es justificable, en todas hay una causa. “Yo creo que perseveramos mucho en el error, no nos replanteamos las cosas y no luchamos por nuestros sueños. Si no lo hacemos, también somos desertores”.

Joaquín Berges | “Si no luchamos por nuestros sueños, también somos desertores”