Los prorrusos cobran fuerza en Lugansk alimentados por las amenazas de Kiev

LU01. LUGANSK (UCRANIA), 10/04/2014.- Manifestantes prorrusos protestan frente al edificio ocupado de la sede gubernamental de Lugansk, Ucrania, el 10 de abril del 2014. EFE/Yuriy Streltsov
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El Antimaidán, movimiento popular nacido a semejanza del Maidán de Kiev, cobra fuerza en Lugansk, en el sureste de Ucrania, después de que el Gobierno ucraniano amenazara con disparar a los activistas prorrusos que ocupan un edificio gubernamental en esta ciudad.
“Si hay un asalto, las madres y las abuelas de los que están dentro nos pondremos delante de los fusiles. Que nos disparen a nosotras primero”, retó Nina Stepánovna, abuela de uno de los activistas que tomaron hace cuatro días la sede del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU, antiguo KGB) en el centro de Lugansk.
Poco antes, el jefe adjunto del Gabinete de la Presidencia de Ucrania, Andréi Sénchenko, tachó a los ocupantes del edificio de “terroristas” y les advirtió de que, si no se rinden y no deponen las armas que tomaron del arsenal, “no quedará otro camino que dar órdenes de disparar”.
Las amenazas del Gobierno y los rumores de una operación no han hecho más que alimentar los ánimos de resistir de los prorrusos, sus familiares y amigos, y de otros miles de habitantes de Lugansk, capital de la provincia más oriental de Ucrania y muy próxima a la frontera con Rusia.
“¿Por qué quieren matar a mi nieto? ¿Porque quiere tener trabajo y no morirse de hambre? ¿Porque no quiere obedecer las órdenes de los políticos de Ucrania Occidental?”, dijo entre lágrimas Nina Stepánovna.
Corazón de la industria pesada y metalúrgica de Ucrania, esta ciudad de poco menos de medio millón de habitantes sigue los pasos de Kiev y quiere darles su propia medicina a las nuevas autoridades del país, que accedieron el poder gracias a una protesta popular que derrocó a Víktor Yanukóvich a finales de febrero.
Alrededor de la sede del SBU se levanta un campamento que ha pasado en apenas unas horas de poco más de diez tiendas de campaña, instaladas el miércoles, a más de una treintena, muchas de ellas capaces de acoger a decenas de personas.
Una ciudadela crece en el centro de Lugansk a imagen y semejanza de la que se convirtió en símbolo de protesta contra Yanukóvich en la plaza de la Independencia de Kiev, el “maidán” (plaza, en ucraniano) que dio nombre a la revuelta.
“Nos llaman separatistas, pero lo que queremos es vivir en un Estado normal. Queremos una federación, no al gobernador de Kiev”, se quejó otro jubilado.

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