El tiempo da una tregua para llorar a la Sardina

el papa y dos obispos concelebraron la ceremonia profana fotos: patricia g. fraga
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Quisieron los dioses de la meteorología, de haberlos, que el último día del Carnaval coruñés fuese el más benévolo de todos en cuanto a climatología. Las temperaturas suaves y la ausencia de lluvia durante la mayor parte de la jornada de ayer hacían pronosticar que el ritual de despedida de doña Sardina transcurriría sin incidencias. Y finalmente, tras tres días de agua y gélido granizo, el tiempo dio una tregua a los fieles seguidores de don Carnal, que partieron de la calle Arenal con su malaventurado pescado a cuestas.

Los presentes desearon menos crisis y buen tiempo para el próximo año

La comitiva enfiló la calle de la Torre –cortada al tráfico– poco antes de las nueve para bajar a la plaza de España, donde el Momo barbudo esperaba con impaciencia el final de su efímero reinado. Desde allí, los choqueiros retornaron sobre sus pasos y enfilaron hacia San Amaro, pasando antes por Baltasar Pardal y Manuel García Canzobre. Dos calles, la de un sacerdote y un músico, que representan bien la comunión indisoluble entre religión y juerga que caracteriza al Miércoles de Ceniza.

Y con esta misma voluntad, el cortejo fúnebre de doña Sardina llegó hasta la playa de San Amaro, donde entre lágrimas, risas y gritos fueron despidiéndose de la difunta. Especial protagonismo cobraron las plañideras, que se resistían a entregar a la Sardina a su tumba acuática, jaleadas desde el paseo y las gradas de la playa por cientos de seguidores que se acercaron hasta San Amaro para dar su último adiós al Carnaval. O lo que es lo mismo, al Momo, que acabó desapareciendo en su altar flamígero, poco antes de los fuegos que daban por concluidas las fiestas.

 

un deseo

En medio de la nostálgica despedida del dios y del pescado y antes de la llegada de doña Cuaresma, en la mente de los presentes en San Amaro flotaba un solo deseo para el año que viene: que don Carnal traiga consigo más risas, menos crisis y, sobre todo, buen tiempo.

El tiempo da una tregua para llorar a la Sardina