Reportaje | Los agentes de la Guardia Civil que más presión tienen que soportar

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No siempre está tan claro hasta dónde llegar en el cumplimiento del deber, pero para los agentes de la Guardia Civil del Grupo Especialista en Actividades Subacuáticas, el límite está muy claro: los 50 metros de profundidad. Hasta allí, hasta el límite, llegó Juan Ojén para rescatar el cuerpo de uno de los ahogados en el naufragio del Mar de Marín, el pesquero que se hundió en la boca del puerto de Vigo tras chocar con un carguero en 2014. Lo encontró en la cabina de mando, flotando contra el techo. “Fue tan siniestro como suena”, reconoce el buzo.
Los primeros grupos GEAS No se crearon hasta 1981 pero sus precursores, los hombres rana de la Guardia civil tuvieron su base en A Coruña. Fue en 1972, como recuerda su jefe, Celestino Gago. “Había una gran cantidad de servicios que surgían y que no había quién atender, se crearon los que se llamaron hombres rana”. Eran voluntarios que fueron equipados con donaciones como la del Club de Leones que les entregó una zodiac en 1975. A día de hoy son 24 grupos de profesionales repartidos en todo España pero aún aceptan “donaciones”: “Tenemos dos lanchas que antes eran de contrabandistas”. Sus once miembros se dedican al reconocimiento de embarcaciones y de muelles por el plan antiterrorista además de búsquedas de objetos (pruebas, bienes robados) así como de personas.
Mejor en el mar
Buscar algo bajo el agua es a veces un desafío. “Sobre todo en río o pantano, porque hay más polvo en suspensión. En el mar se ve mejor”, explica. Si no se ve nada, en el fondo, trazan calles en zig zag con cabos lastrados y van barriendo la zona a tientas, en la oscuridad, buscando lo que sea, un objeto o un cadáver. “No es grato, pero te lo tomas como parte del trabajo”, comenta el jefe
En lo que va de 2017 han realizado 19 rastreos o búsquedas pero algunas a veces se alargan. Pasados tres días de esfuerzo continuado se espacian, pero no abandonan: la limpieza del fondo en las Cíes por la marea negra del Prestige fue su operación más larga, pero, por ejemplo, aún van cuando pueden a Chantada, buscando bajo la corriente del Miño el cuerpo de un hombre que desapareció hace ya dos años. l

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