ARTEIXO-El restaurador y coleccionista compulsivo que tiene un museo en su garaje de Pastoriza

Vázquez Juncal muestra los restos de un gramófono que restauró pedro puig
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La tarjeta de visita de Narciso Vázquez Juncal reza “Restauración de gramófonos y diversas antigüedades. Museo”. Con la primera profesión lleva cincuenta años y lo segundo ha sido consecuencia de lo primero y el garaje de su casa se ha transformado justo en eso: una sala de exposiciones en donde hay centenares de objetos y de historias. Asegura que es incapaz de ni tan siquiera aproximarse al número de objetos que tiene.
“Isto é unha enfermidade como calquera outra”, bromea mientras señala un quinqué de 1219. Pasa desapercibido en una pared en la que se exponen un sinfín de llaves y herramientas antiguas, sin contar las lámparas de diferentes épocas.
La historia de cómo se contagio de ese virus del coleccionismo se remonta a su niñez. “Como era fillo de solteira mandáronme a servir desde os oito anos e medio e despois entreir a traballar na fábrica de puntas da Coruña, onde hoxe está o Dolce Vita. Nos camiños escondía os ferros vellos para vendelos, e coñecín a un cura que me regalou unhas armas. Xuntei todo iso e topei cun señor que me dixo que mo compraba e co que me deu merquei petardos. E unha vez que os gastei, quedei sin unha cousa e sin a outra, entón me dixen que nunca máis vendía o que atopara, salvo que teña dous”.
Y así lo hizo. Muchas de las piezas que tiene las ha conseguido como pago por restauraciones. Otras las compró, como un gramófono en donde está tallada la catedral de Payerne (Suiza). “Vendeumo un señor cando traballaba no Concello, e agora o queren recuperar, pero non sae de aquí”.
La niña bonita de sus ojos son los gramófonos. Casi en cada rincón hay uno. Los tiene grandes, pequeños, portátiles, únicos y raros, con colorines o discretos... Con ellos empezó y buena parte de sus esfuerzos y de sus viajes son para ampliar su colección.

Legado
Pero poco tienen que envidiar el resto de las piezas: máquinas de coser o de escribir. Entre estas últimas se encuentra una William Austin Bust de 1829, única en su especie y el primer modelo con repercusión mundial.
La sabiduría popular dice que nadie es profeta en su tierra y a Vázquez Juncal algo de eso le toca. Todos los años colabora con la Asociación de Pensionistas y Jubilados para montar la exposición de la Feira de 1900, pero es la única vez que sus piezas llegan a espacios en donde lo pueden disfrutar todos los vecinos.
En contraposición, en Suiza, en 1998, realizó una exposición de gramófonos: “a entrada costaba seis francos e foron dúas mil persoas pagando”, afirma. Al mismo tiempo, reconoce que no le importaría en absoluto liberar su garaje y llevar si no todas parte de sus posesiones a alguna sala en la que mostrar cómo se escuchaba música antiguamente o hasta cómo se cocinaban los huevos estrellados.
“Gustaríame expoñelo nun museo, en Arteixo ou na Coruña, pero sen vender. Cunha entrada pequeniña...” Aunque en alguna ocasión parece que se planteó la posibilidad de que el Ayuntamiento de Arteixo se “aprovechase” de sus objetos y montase una sala, al final se quedó en nada.
“Onde quede que quede ben, que quede para o pobo”, sentencia el coleccionista. Explica en este punto que no le gustaría que se mercadease con estos objetos, que, a fin de cuentas, forman parte de buena parte de su vida. “Cada vez é máis difícil encontrar estas pezas” que en muchos casos están “agochadas” debajo de una mesa o en el trastero de alguna casa, en donde sus dueños muchas veces no saben ni restaurarlo ni su valor.
No tiene intención de dejar de buscar tesoros ocultos. Alejado de las ofertas de internet, ya tiene reservado un billete de avión para irse el 6 de enero a rastrear piezas de recambio para sus gramolas o cualquier objeto que despierte su curiosidad y, con ello, seguir ampliando el museo de su garaje. n

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