Festival naranja

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El Basquet Coruña ofreció a su afición, en la despedida por este curso de Riazor, la victoria que le debía a los suyos desde el gran batacazo de dos semanas antes el Castelló. Y lo hizo con un partido sobrio, a ratos incluso brillante; el juego que se echó de menos durante gran parte de la temporada.

En el inicio, la sensación fue de que el equipo que se jugaba algo era el local, mucho más intenso y dinámico en ataque, aunque con un importante boquete en el centro de su zona. Por ahí se colaron Hartwich y Gjuroski para mantener al Huesca cerca durante todo el cuarto inaugural.

Diez minutos en los que el Coruña surtió de balones a sus interiores, y que dejaron un momento curioso: el equipo aragonés, que promedia poco más de siete rebotes ofensivos por partido, capturó cinco en una sola jugada.

Con 26-24 arrancó el segundo acto, donde los de Gustavo Aranzana subieron una marcha en defensa, con Serrano y Bulic tapiando el aro. Cerrada esa vía, el Huesca optó por el triple, uno de sus puntos fuertes. Pero los de Guillermo Arenas se fueron al descanso sin enchufar ninguno de los nueve que lanzaron.

Letal Sabin
Y para enchufado, Sabin, principal artífice, con diez tantos en este periodo, de que la ventaja creciera hasta un máximo de dieciséis (50-34), justo tras un triple suyo desde casi ocho metros cuando la bocina de posesión amenazaba con sonar. El resto del trabajo lo hizo una superioridad abrumadora en el rebote (28-14), que se mantuvo hasta el final.

Otro acierto de Sabin desde el arco dio al BC una nueva máxima ventaja (71-53) en un tercer cuarto de intercambio de golpes, sin que el Huesca, pese a mostrarse más duro atrás, fuese capaz de variar mínimamente el rumbo en su lucha –complicada- por acabar en la novena plaza.

Lejos de mejorar, los visitantes empeoraron en el acto final, donde la renta del Coruña llegó al +21 a siete minutos del final. La misma, en casi el mismo tiempo, que dejó escapar frente al Castelló.

Pero un rayo no cae dos veces en el mismo sitio. Lo que cayó fue un nuevo triple de Sabin para poner el +25 en el marcador (82-57), con poco más de cinco minutos por jugar.  Cinco minutos que le sobraron a una de las mejores versiones del curso de los chicos de Gustavo Aranzana. que al menos se despidieron de su afición de la mejor manera posible. Una parroquia que, al empezar la campaña, seguramente se las prometía mucho más felices que con simplemente la permanencia. Las circunstancias (varias, no solo las lesiones) es lo que tiene.

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