Cada año hallan a media docena de personas mayores muertas en sus casas

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Cada año, los servicios de emergencia contabilizan en la ciudad por lo menos una media docena de casos de personas mayores que vivían solas en sus domicilios y que han fallecido sin que nadie se diera cuenta. En los últimos años, la cifra parece haber aumentado, aunque ligeramente, y se mantiene por debajo de diez. El primer caso del año tuvo lugar ayer, en el número 40 de la avenida de los Caídos y podría servir de paradigma, puesto que es un esquema que se repite casi siempre.
Todo empezó a las diez de la mañana, cuando una llamada alertó a la Policía Nacional de que hacía días que no se veía a la víctima, una mujer de 83 años. La sala del 091 envió un coche patrulla al lugar, y llamaron en repetidas ocasiones a la puerta, pero sin resultado así que, ante la posibilidad de que el hombre estuviera herido o paralizado y no pudiera abrir, solicitaron la asistencia de los bomberos. 
Éstos consiguieron entrar en el domicilio a través de una ventana y se retiraron para dejar a los policías la tareas de descubrir el cadáver de la mujer, que llevaba varios días muerte. Según los servicios de emergencia, la alarma la habría dado una cuidadora, después de que pasara bastante tiempo sin tener noticias de ella. El cadáver fue trasladado por una furgoneta de Servisa después de que se ordenara su levantamiento. A falta de una autopsia, no hay rastros que hagan pensar en nada más que una muerte natural. En todo caso, el cadáver no era reciente, porque estaba en pleno proceso des descomposición, y el olor podía advertirse desde el descansillo, según explicaron testigos presenciales. 
Este es otro detalle que suele repetirse con una regularidad deprimente cuando se descubre el cuerpo de un octogenario. 

una semana
“A veces se sabe que le ha pasado algo porque alguien les echa en falta, pero para entonces han pasado varios días. También ocurre que los vecinos empiezan a notar el olor del cuerpo en descomposición y es entonces cuando llaman a la Policía”, explica estas mismas fuentes, que calculan que es normal que transcurra una semana de tiempo entre la muerte y el macabro hallazgo. “Es la media”, puntualizan.
Ocurre que, aunque el jubilado tenga alguien, como un familiar, que se interese por él, el contacto es muchas veces telefónico. “Creen que como no oye bien, no ha cogido el teléfono, o que estará en el baño, así que aunque no puedan contactar con él no se preocupan”, comentan. Para cuando se inquietan de verdad, ya es tarde.

Cada año hallan a media docena de personas mayores muertas en sus casas