El duelo por la muerte de un ser querido por la epidemia hace díficil encajar el golpe

NI1005. MANAGUA (NICARAGUA), 02/03/2020.- Fotografía del ataúd con los restos del escritor y poeta Ernesto Cardenal durante su velorio este lunes en Managua (Nicaragua). Los restos del poeta y sacerdote trapense Ernesto Cardenal, fallecido e
|

El duelo por la muerte de un ser querido con coronavirus hace más complicado encajar el golpe que en otras situaciones: la despedida no es posible, falta la calidez del entorno, la sensación de culpa y enfado es mayor, y todo se ralentiza. Para superarlo será necesario hacer en el futuro un reconocimiento social colectivo.

Carlos tiene cáncer y lleva quince días aislado en su domicilio de Madrid, una ciudad “en estado de guerra” (más de la mitad de los casos de Covid-19 se concentran en la comunidad).

En estas dos semanas no ha podido ver a su familia (uno de sus hermanos está en casa con su pareja enferma de leucemia y su otro hermano vive en Galicia). Recientemente perdió a su padre, ingresado en una residencia después de una operación de rotura de cadera que se complicó.

Tanto Carlos como sus otros dos hermanos pudieron despedirse de él por teléfono (la entrada a las residencias está prohibida para evitar exponer a los mayores, grupo de riesgo).

Carlos se pregunta “¿Con qué te quedas? Que has hablado con tu padre y que ya no lo vas a ver. Y las nuevas tecnologías te facilitan que, como no hay velatorios, la gente que te quiere te esté llamando y mandando vídeos. Tú estás solo, pero virtualmente muy acompañado”.

La catedrática de Psicología Clínica de la Universidad Complutense de Madrid Mari Paz García-Vera, y la profesora de Sociología de la Universidad Europea de Madrid Rebeca Cordero, explican la importancia de desarrollar estrategias personales ante esta crisis epidemiológica.

Ambas coinciden en que hay distintos modos de elaborar el duelo y consideran esencial no sentir culpa por no haber estado junto a los seres queridos, aunque sí tristeza. “No ha sido una elección ni ha dependido de ellos la soledad de sus familiares”, subraya García-Vera, ex delegada del Gobierno en Madrid.

Aunque sea complicado de entender ahora, apunta Rebeca Cordero, el hecho de no haberlos acompañado es de una enorme generosidad social porque ha evitado que otros mueran, impidiendo el avance de la cadena de contagio.

El duelo por la muerte de un ser querido por la epidemia hace díficil encajar el golpe