“Hay gente que sufre porque el Ayuntamiento no le ha pagado las facturas y lo está pasando mal”

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  Cincuenta días después del histórico cambio en el sillón noble de María Pita, Carlos Negreira (Río de Janeiro, 1960) todavía no ha conseguido salir de las aguas bravas del recién llegado. Con una agenda de infarto, ha borrado de su memoria el susto que le llevó hace poco más de siete meses a “pasar por boxes”. Confiesa sin ambages que este es el puesto que colma todas sus ambiciones y busca la cara positiva de una serie de reveses, algunos fruto de la mala fortuna, que le han acompañado en su maniobra de aterrizaje en el cargo. Responde a las dudas sobre su gestión bosquejando sobre un papel una lista de proyectos en marcha y no le reprocha a la oposición que no le haya concedido ni diez días de cortesía.

Entrevista de MIGUEL PAMPÍN

Dispone de una hora, pero un saludo a unos visitantes le roba diez, hace esperar la taxi otros cinco y aún se permite el lujo de releer tres párrafos de “Psicología de las masas”, un libro de un tal Le Brun a quien admite no conocer. “Me lo han regalado el otro día”. Carlos Negreira, alcalde de A Coruña.
—¿Se le ha hecho duro este primer mes y medio?


—Ha pasado todo muy rápido. Han sido días muy largos e intensos, pero las horas parecen minutos. El tiempo vuela y me gustaría que los días tuviesen cuarenta y ocho horas en lugar de veinticuatro. En todo caso, tengo más ilusión que cuando tomé posesión.
—¿Sería capaz de resumir cincuenta días en cincuenta palabras?
—Desde el primer día me había planteado tres líneas básicas de actuación. En primer lugar, completar todo el equipo y dotar de un nuevo organigrama a este Ayuntamiento. Lo hemos hecho y estoy especialmente satisfecho  del equipo y de las personas que hemos incorporado. Espero mucho de ellos, y sé que lo están dando ya todo. Se demostrará con los resultados. En segundo lugar, desde el primer minuto hemos puesto en marcha el plan de austeridad que este Ayuntamiento necesitaba. Por último hemos abordado ya varios proyectos y espero que algunos de ellos se puedan poner en marcha a lo largo de este año.
—En ese equipo ¿están ya todas las piezas encajadas?
—Puede quedar algún punto pendiente, pero los directores de área, que son la clave de bóveda de la gestión, están ya ultimados. Esto nos permite afrontar la elaboración de los presupuestos de 2012, que es otra de las piezas maestras del futuro inmediato. Serán unos presupuestos más aquilatados, más ajustados a las necesidades que tenemos, y que contemplarán los proyectos que queremos para la ciudad. Queda algún jefe de servicio, pero la parte fundamental está cerrada.
—¿También está cerrado el capítulo de asesores?
—Básicamente, sí.
—¿Y cuántos son?
—Si no recuerdo mal, el anterior gobierno tenía 31 y actualmente son 18. Prácticamente hemos reducido la cifra en un cuarenta por ciento, que es el compromiso con el que llegué.
—¿Ha visto muchas malas caras a la hora de aplicar estos recortes?
—Cuando uno planifica y pone a rodar un equipo en el que hay muchas personas siempre aparecen dificultades. Todos tienen legítimas aspiraciones y hay que acoplarlas todas y aunarlas para que remen en la misma dirección. Lo fundamental lo hemos conseguido. Tenemos un equipo en armonía y que entiende muy bien donde tiene que actuar cada uno. Todos tendrán su cuota de trabajo y también de valoración.
—Pero es de suponer que los escoltas o los chóferes de los coches oficiales no deben estar muy contentos.
—No es nada personal. A estas alturas del siglo XXI yo consideré desde el primer minuto que no necesitaba a esas personas que estaban desempeñando esa función, seguro que muy bien. Es un asunto de organización y de trabajo. Ese gasto que tenía la Alcaldía, y que era de 250.000 euros al año, no era necesario y que esas personas podían desempeñar su trabajo donde les correspondía. En cuanto a los coches, hemos cumplido nuestra promesa electoral. Había diez automóviles con sus respectivos conductores adscritos a la Alcaldía. Lo hemos reducido a uno, que yo hasta el momento no he usado. Ha sido una reducción drástica del 90 por ciento. La Coruña es muy paseable.
—¿Dónde están esos coches?
—Todos esos coches están ahora integrados en un plan de retirada y entrega. Hay algunos antiguos y otros más nuevos y he encargado que se adopte una decisión para cada caso.
—Siempre la austeridad...
—Es imprescindible. En mes y medio se ha traducido ya en casi nueve millones de euros de ahorro para estos cuatro años. Hemos adelgazado el gobierno municipal hasta el punto que le va a costar a los coruñeses un 35 por ciento menos que el anterior. Hemos suprimido alquileres absolutamente innecesarios y se ponen en marcha ahora planes como el que hace frente a consumos energéticos absolutamente desfasados. Hemos pasado, en el caso de la luz, de un consumo de 1,7 millones en el año 2007 a 4 millones de euros tres años después.
—¿Se ha convertido el ahorro en una obsesión?
—Quizá haya que poner especial énfasis en el ahorro porque había mucha tendencia hacia lo contrario. Para poner las cosas en sus justos términos hay que incidir mucho en lo que no era habitual. Eliminar el gasto superfluo va a ser, efectivamente, una obsesión. Pero también lo va a ser generar nueva actividad económica, generar empleo, generar bienestar en un momento crítico para cientos de personas en esta ciudad. No se trata de ahorrar por ahorrar; se trata de hacerlo para destinar cada euro a donde realmente es más eficiente. A donde realmente lo necesitan los coruñeses, que es a generar actividad económica y a ayudar a los más necesitados. Ahí es donde tiene que estar los euros, y no en los escoltas, los chóferes, los gastos innecesarios de luz...
—¿Le preocupa, como a tantos coruñeses, que el Ayuntamiento no pueda pagar sus deudas?
—Claro que me preocupa. ¿Cómo no voy a estar preocupado por no poder pagar lo que debo?. Le he pedido a todos los concejales y a todo el equipo que hagan un esfuerzo por pagar lo que debemos. Es lo natural y lo normal. Esa decisión está tomada porque hay que darse cuenta de que hay mucha gente que sufre porque no se le ha pagado su factura y lo estará pasando mal. Tenemos que pagar nuestras deudas, pero sin dejar de ilusionarnos con nuevos proyectos, que habrá que afrontar con financiaciones de otras administraciones, con financiación europea o con colaboración con entidades privadas, algo que es muy común hoy.
—¿De cuánto estamos hablando?
—Para que nos entendamos, a día de hoy la deuda municipal representa, para cada coruñés, 320 euros, mientras que en Vigo, por ejemplo es de 111. Casi el triple. El presupuesto municipal es de 315 millones. Ahí no hay problema. Pero es que cuando llegamos nos encontramos facturas en el cajón por 28 millones de euros que no aparecen en la contabilidad. Hay tres millones del bono bus, uno de la liquidación del Ágora... Y hay otros 21 que el bipartito se gastó de más y que ahora hay que devolver al Estado a razón de más de cuatro millones al año. En total, 49 millones. Hemos empezado con menos 49 millones.

 


El Ideal Gallego-2011-07-31-008-7bba71b0“No me temblará la mano si tengo que corregir contratos y concesiones”

No se le quiebra la voz a la hora de introducir en su discurso el factor financiación privada. “Nos pueden criticar, pero en este Ayuntamiento están externalizadas hasta las bibliotecas. Tenemos que aprovechar todas las oportunidades. Todas las inversiones van a ser bien recibidas”.
—¿El diagnóstico que se está haciendo a la economía municipal va a llegar también a las concesiones?
—Cada día vamos sabiendo un poco más. Llevamos cincuenta días, y cincuenta días dan para lo que dan. Pero lo que sí le puedo asegurar es que en ese tema también vamos a optimizar y a poner los intereses del Ayuntamiento en primer lugar. Vamos a ver dónde se gasta cada euro, cómo se gasta y si se está gastando bien. No me temblará la mano para corregir lo que haya que corregir en convenios, concesiones y contratos.
—¿Decisiones drásticas?
—Las decisiones fundamentadas, que es como tienen que ser, se van a tomar. Yo me podré equivocar. Y seguro que me equivoco más de una vez. Pero lo que puedo asegurar es que todas las decisiones que tome estarán perfectamente contrastadas, estudiadas y tras haber escuchado a todos los sectores implicados en cada decisión.
—Hablando de concesiones, la Compañía de Tranvías ha protagonizado la primera gran polémica de la era Negreira.
—Hace tres domingos, cuando descarriló el tranvía enfrente de Hacienda invadiendo la calzada, no sucedió nada por una pura cuestión de suerte. Pregunté por qué había sucedido, y cuando me contestaron y vi en el informe que la circulación del tranvía podía ocasionar peligro para las personas tardé veinticinco centésimas de segundo en tomar la decisión de suspender ese servicio.
—¿El déficit es un argumento para poner en duda la continuidad de otros servicios como el ascensor de San Pedro?
—No. El ascensor está en funcionamiento y no hay ninguna decisión al respecto. A día de hoy no es lo más prioritario entre la gama de conflictos y situaciones que tenemos que afrontar para el año que viene.
—El tercer pilar de su plan hablaba de proyectos.
Proyectos que tienen que ver con la regeneración tanto del centro como los barrios de la ciudad. Proyectos que persiguen originar nuevos focos de desarrollo económico, porque la clave está en mejorar la economía. Y luego también hemos afrontado viejos problemas, como el Plan General, que tenía sin contestar informes negativos de otras administraciones. Hemos abordado conflictos como la huelga de Albada, el edificio Conde de Fenosa, el agujero del Parrote...
—¿Tenemos fecha para el Plan General?
—Con muchísimo esfuerzo, con muchísimo trabajo, yendo a contrarreloj, con los servicios técnicos de Urbanismo trabajando al cien por cien, el objetivo es que a mediados de 2012, junio o julio, podamos tener el Plan aprobado de forma definitiva.
—Tranvía, carril bus... Se le acusa de estar más preocupado por deshacer que por hacer.
—Ha sido una combinación de ambas cosas. Hemos puesto en vías de solución muchos problemas, como la Fábrica de Tabacos, un edificio que se estaba deteriorando día a día. Hemos evitado que se vayan a construir cinco mamotretos junto a la Torre.
—¿Y lo de cambiar por completo el Paseo Marítimo?
—Con el Paseo Marítimo hemos hecho algo para no improvisar. Lo de la barandilla que se puso allí era una broma de mal gusto para el conjunto de los coruñeses. Estamos a punto de culminar el concurso de ideas para hablar del Paseo Marítimo del siglo XXI. No digo que lo vayamos a hacer pasado mañana. Se irá haciendo a lo largo de muchos mandatos.
—¿Para cuándo la solución al aparcamiento de O Parrote?
—Este gobierno municipal por su ambición ha complicado más el proyecto para conseguir un paso subterráneo que elimine el tapón que se iba a producir y que permita dejar abierta la solución de soterrar el tráfico entre Linares Rivas y Puerta Real.
—¿Está encontrado colaboración del resto de administraciones?
—Ahí están los resultados. Ya hemos entregado las veinte primeras fincas de las ochenta necesarias para que la Xunta ejecute el enlace de As Rañas. Esta semana se ha firmado el crédito del Puerto Exterior, que fue una de mis obsesiones. En mi primer día llamé al ministro para preguntarle al respecto y le he vuelto a insistir ahora. Estamos, por otra parte, a punto de firmar un convenio con Traballo para que por primera vez la formación que imparta este Ayuntamiento tenga validez oficial.

LA VIDA DE UN ALCALDE  PASIÓN POR GESTIONAR

“No tengo previsto ir a los toros,  ni a ver a Isabel Pantoja”

Negreira se deja llevar por sus colaboradores. Confía ciegamente en los responsables de su agenda y pregunta sobre la marcha que viene después. Su frenética actividad contagia estrés, pero su sonrisa le delata como un triunfador que ha logrado su objetivo.
—¿Le ha cambiado mucho la vida?
—Poco. Sigo trabajando casi las mismas horas que siempre. Lo que noto es que tengo una nueva ilusión. Gestionar es algo que me apasiona y es una faceta que me reconforta más que el papel de oposición. Noto algo más de ajetreo los fines de semana. Me gusta lo que hago y me siento un gran privilegiado. Colma todas mis expectativas. Estoy encantado.
—¿Tendrá vacaciones este año?
—Espero cogerme unos días, pero dependo de mis colaboradores, que me digan cuándo puedo (le dirige una sonrisa a una de sus colaboradoras). Iré a la Costa da Morte porque es un sitio que me gusta. Sus gentes, su paisaje... Y espero poder escaparme a pescar.
—¿Irá a los toros?
—No he ido nunca y probablemente no iré. No es una afición que yo haya tenido nunca. Pero lo que se haga o se deje de hacer en la ciudad no puede depender de las filias o las fobias del alcalde.
—¿Y a ver a Isabel Pantoja?
—No lo tengo programado. Tiene su reclamo propio y aunque no vaya el alcalde estoy seguro de que llenará el Coliseum.

 

“Hay gente que sufre porque el Ayuntamiento no le ha pagado las facturas y lo está pasando mal”