El daño comercial a la Ciudad Vieja por peatonalizar contrasta con el éxito de otros lugares

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Los establecimientos de la Ciudad Vieja sobreviven a duras penas después de diez meses de peatonalización y, a falta del comprometido plan de dinamización comercial del Ayuntamiento, que no estará listo antes de los comicios, ese perjuicio contrasta con los buenos resultados que esa medida de reducir el tráfico rodado dio en otras zonas de la ciudad como la calle Barcelona o la propia Marina.

Mientras en el casco histórico incluso se han dado cierres en los últimos meses impulsados por la caída de clientes desde que se peatonalizó el entorno y es más fácil llegar, en la calle Barcelona el cambio de situación fue en positivo. Si bien es cierto que esta calle tuvo sus altibajos –y los sigue teniendo porque, en general, el comercio todavía se ve muy afectado por la contracción del consumo–, dar prioridad a los peatones frente a turismos y camiones hizo que la calle sea una zona de paso muy frecuentada. 

El pequeño tramo de la plaza de Lugo que es de uso exclusivo de los viandantes también tiene un gran tirón, que incluso conllevó la apertura de un establecimiento de hostelería en los locales exteriores del mercado. 

La Marina es otro de los lugares que se ha visto beneficiado desde que se redujo el paso desde la plaza de Mina, algo que puede ser debido a que las tres son entornos más céntricos y de más fácil acceso andando que la Ciudad Vieja, donde los empresarios piden actuaciones que mejoren la movilidad.

El presidente de la Asociación de Hosteleros de La Marina, Antón Sáez, reconoce que a nivel global este año “ha sido muy positivo”. Indica que los días en los que la meteorología acompaña “son mejores que antes”, aunque los de mal tiempo “son peores porque ya no se puede dejar el coche al lado”. Pero esta temporada el sol acompañó y ayudó.

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