“Sin el pasado, el presente está mutilado y por eso estamos repitiendo los años 30”

El escritor cuenta la historia de un familiar falangista javier alborés
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Con “El monarca de las sombras” (Literatura Random House), Cercas llena un vacío. El de su familia y el de todos. Sobre un período silenciado, donde Manuel Mena, el protagonista, fue una víctima más. Un mandado y porque Javier no quiere serlo, escribe. Para él y para todos.

¿Qué opina su madre del relato familiar que cuenta?
Mi madre siempre pensó que entre Cervantes y yo hay un vacío en la literatura occidental, pero le he llenado mucho hueco. Para ti, para ella y para todos, hay grandes vacíos en la historia familiar. Umberto Eco decía que conocía mejor al protagonista de “La casa del rojo y del negro” que a su propio padre. Este fue el principal motivo por el que me decidí. Ahora o nunca y de no hacerlo, sabía que siempre iba a flotar una nebulosa.

¿Cree que hasta que se rompa el silencio el país no avanzará?
Es una bruma que pesa sobre nuestro peor pasado. Es natural y no hay nada que objetar al respecto, pero es muy malo para la sociedad porque el pasado no ha pasado, es una dimensión del presente, sobre todo, el pasado con testigos y memoria. Sin él, el presente está mutilado y por eso estamos repitiendo los años 30 de forma flagrante porque si no tienes el pasado presente, no sabes de donde vienes ni adonde vas. En mi caso, asumí mi herencia franquista.

¿Sintió vergüenza de su pasado?
Claro, es lógico, pero ahora no porque asumo de dónde vengo.

En el libro hay dos narradores, ¿por qué necesitó alejarse para contarla?
Sí, estamos un historiador y yo. Él va relatando de manera objetiva los acontecimientos. Todas las novelas tienen sus propias reglas y este libro tiene una parte de datos objetivos. Quería contar con la mayor precisión el pasado por duro que sea, pero necesitaba una distancia, sobre todo, cuando estamos hablando de la responsabilidad de mi familia en crímenes que tuvieron lugar en el pueblo. Después estoy yo, que reconstruyo en primera persona el propio proceso de la novela y me tomo ciertas libertades. No es una novela de ficción, pero hay ciertas gotas ficticias en el relato en primera persona así que con una llega para que todo sea ficción. Necesitaba esos dos narradores para ser capaz de reconstruir la historia de un chaval anónimo, del que se había quemado toda la documentación.

¿Fue su trabajo de investigación más difícil?
Intenté arrancar cachos de esa oscuridad, recuerdos perdidos en la memoria de un hombre como destellos de un pozo, pero al final la literatura no es la forma, sino el fondo porque tú puedes pensar en “El Quijote” como una gilipollez. La investigación la haces y la disfrutas, pero después le tienes que dar un sentido real peleando con las palabras. Los libros no se acaban, se abandonan y a la pregunta de cuánto he tardado en investigarlo y escribirlo, de ser honesto tendría que contestar “toda la vida”.

¿Y su pueblo? ¿La reacción fue positiva en Ibahernando?
Creo que sí. De momento no me han declarado persona non grata. Todo bien porque contar la realidad de Ibahernando es pintar el mundo. Lo bueno de la literatura es eso, que pasas de lo local a lo universal.

¿Tiene más personajes guardados como Manuel Mena?
Supongo que sí, aunque cuando lo terminé sentí un vacío, algo así como que llevaba toda la vida queriendo contar la historia y que se me había acabado el carbón. Nunca se sabe, pero si algún día no tengo nada más que decir, me callaré. Ahora no me imagino sin escribir. Sería un tipo más peligroso de lo que soy.

Repite todo el rato que uno escribe para que no le escriban.
Y es así, escribo para llegar a ser quien soy y para que no te escriban los demás, para ser libre. Es un trabajo enorme el de construirte a ti mismo porque al final haces lo que quieren los demás, la sociedad, tu trabajo y amigos... Lo que dice la tele, pero no lo que realmente quieres.

“Sin el pasado, el presente está mutilado y por eso estamos repitiendo los años 30”