La defensa del acusado de apuñalar a su exmujer alega que es esquizofrénico

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La sala primera de la Audiencia Provincial celebró ayer el primer día del juicio por intento de homicidio de un hombre que asestó varias apuñaladas a su mujer en un bar de la ronda de Outeiro el año pasado, hiriéndola levemente. El fiscal pide nueve años y diez meses de cárcel para este sujeto, un escayolista de 40 años, pero la defensa puso ayer el acento sobre el estado mental del hombre, del que análisis médicos realizados a lo largo de los años han determinado que sufre brotes de esquizofrenia y síndrome ansioso depresivo .
Desde el 14 de agosto del año pasado, cuando tuvo lugar el incidente, el acusado permanece en la prisión de Teixeiro, donde recibe medicación (cinco o seis pastillas al día) y confiesa sentirse mucho mejor ahora. Pero en el momento de los hechos no tomaba nada más fuerte que la vareliana. Además, también según la defensa, el acusado había pasado la noche anterior en blanco, bebiendo cervezas. 
En esas condiciones acudió a la una de la tarde al bar que regenta su ex mujer, el Yesterday, en la ronda de Outeiro. A pesar de que llevaban dos años separados, el escayolista seguía viéndola a diario, para visitar a su hija de siete años. Era durante esos encuentros cuando surgían roces. Según la propia víctima, su exmarido había amenazado con matarla en anteriores ocasiones y la había insultado, por lo que ella le denunció. De hecho, su caso había acabado en el juzgado sobre violencia de la mujer, donde había sido archivado, como recordó su abogado.

cuchillo en el calcetín
El 14 de agosto, la cosa fue más allá. Ella le había dicho que tenían que dejar de verse, que cada uno debía vivir su vida. “Un amigo me dijo que lo dejara pero ¿Cómo voy a hacerlo? Tengo una hija”, explicó el acusado. Llevaba un cuchillo oculto en el calcetín, porque, según sus propias palabras “había cogido miedo” del actual novio de su mujer, que le habría amenazado días antes e invitado a salir a la calle y propinado un par de golpes en la cabeza. Él y su expareja difieren en algunos detalles sobre lo ocurrido en el bar, pero lo principal es que entró con una cerveza en la mano y cuando se fue el único cliente que se encontraba allí le arrojó varios objetos: un servilletero y un taburete. Ella se protegió, pero él saltó la barra y la acorraló, cuchillo en mano. 
Según la víctima, él la apuñaló, pero el acusado, que escuchó cabizbajo las declaraciones de ella, asegura que no es cierto, y que ella misma se hirió al forcejear. Fueron en total siete cortes, seis en el brazo y otro en la cara, pero todos muy leves: se curaron en siete días. 
Al ver la sangre, el acusado se asustó o –según la otra versión– lo hizo el grito de un testigo que le increpó. Entonces la mujer aprovechó para salir a la calle. Su exmarido también lo hizo, con el cuchillo ensangrentado en al mano. Ella se refugió en otro local, mientras la Policía Local encañonaba al acusado. Dos agentes confirmaron que estaba muy nervioso y no quería soltar el cuchillo. “Se me había metido en al cabeza que todos querían hacerme daño”, recuerda. Por fin, tiró el arma y fue detenido.

La defensa del acusado de apuñalar a su exmujer alega que es esquizofrénico