“Cuando se empezó a hablar de globalización, sabía que sería un genocidio cultural”

El autor define la música actual como dispersa francesc gómez
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El escritor visita el miércoles Moito Conto con dos libros debajo del brazo. Por la mañana estará a las 12.00 horas con “La historia del rock”, de Siruela, que escribió, como el resto de sus criaturas literarias, con música. Dice que no puede hacerlo de otra forma. Para alimentar las páginas, el autor puso su equipo a toda pastilla. Se fue en el tiempo y volvió a su adolescencia, cuando tenía 16 y descubrió a The Beatles. Supuso un antes y un después.
Sin embargo, su recuerdo más temprano apareado a una partitura fue cuando escuchó con nueve “La consagración de la primavera” de Stravinsky y “me quedé galvanizado”. Para el experto, los de Liverpool lo cambiaron todo y desde su despacho, se lo relató a los nuevos para acercarlos al rock de “una pasada” y a través de un volumen cortito. Entre el testamento de su vida, Jordi asegura que todo ritmo se debe al momento en el que nace: “Si le pones Led Zeppelin a un joven y no le dices que el tema tiene 40 años, seguramente te diga ‘¡Qué bueno!’”. Y es que “antes de Lady Gaga, estuvo Madonna” y es bueno saber de dónde vienen los estilos, las formas de ser en el escenario, “y lo heredado de lo anterior” para que el lector vaya después a su tablet y pinche un tema de Janis Joplin: “Que amplíe información”.
En ese sentido, critica el desinterés de las nuevas generaciones, no todos, pero “es importante saber de dónde vienes y hablar con los abuelos porque cuando se mueran, se pierde la voz de tu pasado” y “como no leas, eres una isla sin referencias”. Por desgracia, “la falta de curiosidad es una lacra juvenil porque si no les interesa la música, no les va a interesar nada”. En este sentido, define lo que se hace ahora como disperso: “Cuando se empezó a hablar de globalización, sabría que sería un genocidio cultural” y entiende que el reggaeton es un síntoma de cómo está ahora la sociedad: “Las chicas bailan canciones que hablan de que se dejan hacer de todo”. No hay nada que unifique y el top ten está liderado por “gritones”.
Ya de tarde, el catalán participará en una mesa redonda a raíz de su segundo tomo “El Beso Azul” (Harper Collins), para el que tuvo que rebuscar entre sus vinilos y pinchar los de los 70 donde se ambienta la historia: “Lo escribí hace tres o cuatro años, pero lo publico ahora que se cumplen 40 años de las primeras elecciones democráticas” con un protagonista al que “todos creían muerto”, y que regresa al pueblo.
Serra i Fabra recuerda con él que hubo un tiempo en el que España estuvo abierta al diálogo y no como hoy, “que enciendes la tele y todo son gritos”.
Para huir del ruido, Jordi busca refugio en su amiga la música. Escucha su tema favorito, “Like a rolling stone”, de Dylan, pide auxilio en Lennon o Peter Gabriel y se acuerda de cuándo le daba cuerda al oído para conocer los últimos LPs del mercado. Solo podía escoger uno de la tienda. Eso, para él, era emoción de la que ya no existe.

“Cuando se empezó a hablar de globalización, sabía que sería un genocidio cultural”