Reportaje | “Es un mensaje para que la gente no olvide lo que ocurrió y no vuelva a repetirse”

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Con el propósito de enviar un mensaje ““para que la gente no olvide lo que ocurrió y no vuelvan a repetirse estas cosas”, la comunidad armenia ferrolana, unas 15 familias, celebró ayer un funeral en la Concatedral de San Julián en recuerdo de las víctimas de 1915, año en el que comenzó el conocido como “genocidido armenio”, una masacre perpetrada por el ejército otomano que dejó más de millón y medio de muertes hasta finales de 1918.
Hrach Ghazaryan es uno de esos originarios del país caucásico que decidió abandonar su tierra en busca de un futuro mejor. Llegó a Ferrol hace más de una década a través de unos amigos que le comentaron una serie de puestos de trabajo. Fue empatando un contrato con otro, “entonces había más oferta que ahora”, y en 2009 vino también su mujer, con la que tiene dos hijos –una niña de 9 años y un niño de 5–; “ellos ya son ‘galegos’”, comenta.

El funeral de ayer fue una “ocasión para que todos conozcamos mejor dicha comunidad y, sobre todo, para rezar con ella”, tal y como indicó el delegado de Ecumenismo de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, Benito Méndez. Así, el obispo Luis Ángel de las Heras fue el encargado de oficiar el acto; “todo el mundo tiene algún caso relacionado con el genocidio”, destaca Hrach.
Uno de los aspectos que más sal echan sobre la herida es el hecho de que Turquía siga sin reconocer la masacre –al igual que España–. “Podían reconocerlo y ya está; pero así duele más”, asegura el armenio afincado en Ferrol, al mismo tiempo que señala que solo los turcos que emigraron o estudiaron por su cuenta saben la verdadera historia de lo sucedido hace ahora 103 años.

El conocido como uno de los mayores exterminios del siglo XX hizo desaparecer en la noche del 23 al 24 de abril de 1915 a más de 600 intelectuales y personas relevantes de Armenia. “Murieron muchos niños y mujeres. Otros escaparon a Francia, Argentina o Estados Unidos, mayoritariamente. De los que se quedaron allí, hubo quien se decidió a cambiar al Islam por miedo, pero educaba a sus hijos por la noches en el cristianismo”, narra Hrach Ghazaryan, quien todavía tiene a sus padres, hermanos y otros familiares en el país.
Con todo, él es un ejemplo de integración entre pueblos y reconoce que desde el primer momento la ciudad naval le trató con mucho respeto y aceptación. “Nunca tuve un problema, la verdad. Quizá sea porque el pueblo gallego también sabe lo que es emigrar”, reconoce este autónomo que trabaja en la construcción.

Futuro prometedor
Armenia se encuentra estos días en el foco mediático debido a las multitudinarias protestas que llenan las calles en contra del primer ministro, el antiguo presidente Serge Sargsian –acusado por la población de querer aferrarse al poder–, a quien la presión popular hizo dimitir precisamente este lunes de su cargo.
Desde la distancia, Ghazaryan sigue con detenimiento las noticias que llegan desde su país natal y ve con optimismo y esperanza su futuro. "Parece que ahora empieza a mejorar la situación. Siempre hubo mucha dictadura pero ahora parece que hay buena gente, como el nuevo primer ministro –Karén Karapetián– y el presidente – Armén Sarkisián, elegido el pasado día 8–, y también la oposición”, comenta.

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