El derribo de la Casilla de Sanidad Exterior

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Cuando hablamos de atraer el turismo a esta ciudad, lo estamos haciendo banalmente, los que nos visitan vienen a A Coruña a ver su peculiar arquitectura, urbanismo, monumentos, museos, su verde paisaje, playas, sol y lluvia, en donde todo ello es arte y digna de enseñar al visitante. Desgraciadamente, al contrario de lo que acontece en otras ciudades más preocupadas por este modelo económico y que excepto A Coruña que carece de sol y playa en condiciones aceptables como es el Levante español, no queda otra que dar interés a lo que existe, que desgraciadamente cada vez es menos por la incapacidad de nuestros regidores de forma histórica, si mencionase los desatinos cometidos por estos a lo largo del siglo XX en nuestra ciudad, no escribiría un reportaje, sino un libro casi como “El Quijote”. Después de todo lo dicho pasemos a lo que interesa.
La demolición de la antigua Casilla de Sanidad Exterior, situada en el Paseo de la Dársena, ha sido un terrible error histórico, al representar parte de la historia sanitaria de esta ciudad en un momento muy diferente de lo que es actualmente y que constituyó un hito social desde su construcción, la cual debería haber quedado protegida como un bien patrimonial de aspecto social.
Los planos son obra del arquitecto Emilio Pan de Soraluce, que los firma el 9 de marzo de 1927, se trataba de una edificación de planta baja de 20 metros de largo, por 10 de ancho y cuatro de alto, la cual se destina a Pabellón para Estación Sanitaria, con arreglo al proyecto aprobado mediante orden comunicada del Ministerio de Obras Públicas de 24 de diciembre de 1932.

aspecto
Su fisonomía arquitectónica es sencilla, además de aspecto modernista y una de las pocas construcciones que quedaban en la ciudad de dicho arquitecto, que a su vez encajaba fielmente en el entorno elegido, pese a que el municipio tendría sus quejas sobre el lugar a construir, al pie del antiguo Malecón, un perfecto muro de cantería que data del último tercio del siglo XIX. 
Dicha Casilla, tendría sus problemas en los terrenos en los que se levantó, los cuales eran propiedad de la Junta de Obras del Puerto y cuando finalizan estas obras el 29 de marzo de 1934, el contratista Manuel Golpe Gabín, solicita para el funcionamiento de los servicios de Sanidad Exterior, una licencia al Municipio, para realizar la acometida de desagüe a la red general de alcantarillado, cosa que dictamina de forma favorable el ingeniero municipal, según su informe del 20 de abril de dicho año.
El problema que se pone sobre la mesa es que el edificio se había levantado sin la preceptiva licencia municipal y el Ayuntamiento acuerda suspender las obras (algo parecido a lo que acontece ahora con la licencia de la marina) mientras no se cumpla el trámite legal, pero el 30 de abril, el Gobernador civil de la provincia, avala dicha construcción y emplaza al Ayuntamiento a que no interfiera en una obra del estado.
Después de diversos comunicados, el acuerdo definitivo llega en la sesión del 7 de noviembre de 1934, cuando el Ayuntamiento, autoriza al presidente de Obras del Puerto a que haga la acometida necesaria a la red general para dicha Estación Sanitaria.
Más reseñable que, el apartado histórico de su construcción, es la gran labor social como impagable que, supuso para la sociedad coruñesa de su tiempo, no solamente se atendía a la gente de las embarcaciones que recalaban en nuestro puerto con un gran trabajo profiláctico y de tratamientos específicos, llegado el momento de enfermedades de otras latitudes, sino que además en ese centro al igual que en las “Casas de Socorro” de la época, se vacunaban a miles de coruñeses contra las diversas enfermedades que se pudiesen contraer, evitando así alguna posible epidemia. 

importancia
Hasta que no se construyeron los modernos hospitales que hoy conocemos, estos humildes centros de salud fueron el embrión de la seguridad sanitaria de la población, en los que, miles de coruñeses recibían sus vacunas y eran atendidos de cualquier contratiempo de salud o accidente. De modo que hasta hace poco su labor social fue de una gran importancia.
Solo por ello merecía ser indultada de su derribo y dedicar su interior a otro cometido, como así se le hizo llegar tanto a la Alcaldía, como a la Autoridad Portuaria, pero en mente tenían su ejecución y la llevaron a cabo sobre una pequeña edificación que formaba parte del paisaje urbano y que llegó a contar además con uno de los más modernos laboratorios del país, que funcionó por espacio de unos cincuenta años y estaba formado por un equipo sanitario y de investigación que hizo posible que A Coruña tuviese un sistema sanitario que era la envidia de muchas otras ciudades de su mismo tamaño. 

murallas
Lo curioso es que se sacrificó un valioso inmueble sanitario sin darle una mínima oportunidad de resistir, para dejar un entorno que no convence a nadie y encima la Autoridad Portuaria, hizo un expendio de caudales en el lucimiento de una muralla en las arcadas del Parrote que data de 1916, cuando se amplía la carretera de circunvalación por ese punto y las propias arcadas datan de 1948. 
Pero no se tuvo en cuenta dar otro cometido social a la sacrificada Casilla de Sanidad Exterior, cuando era un inmueble que podía en estos momentos casar en su entorno y ser un atractivo para el turismo mediante su historia y esto es lo que falta en la Coruña, la historia viva de todo lo que desapareció.

El derribo de la Casilla de Sanidad Exterior