Un emprendedor que decidió construir un sueño tras perder una vivienda

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La historia de Juan Carlos Varela es la de un hombre embarcado en una larga cruzada personal cuyo origen se remonta a noviembre de 2004, cuando obtuvo un crédito para montar un restaurante con la vivienda de su madre como garantía. El propio director de la caja de ahorros (la actual Caixabank) le buscó un socio que aportó el 51% del capital y firmó los papeles. Sin leerlos. Aquel fue un error que marcaría su vida.  “Lo que sucedió es que el propio banco falsificó una nómina de unos talleres de esta ciudad en los que yo figuraba como palista”, explica este camarero.
Todo parecía ir bien, pero a los pocos meses, su socio le echó del restaurante. “Se me dice que o bien me salgo por las buenas o me van a complicar la vida”. Como le prometieron que le buscarían otro trabajo y tenía un crédito que pagar, aceptó. Pero no apareció ese empleo y no pudo apagar ese crédito. Su madre acabó perdiendo la casa y él entró en una profunda depresión.
“Me veo sin trabajo, sin dinero, y con una situación a nivel bancario...”, explica Varela. Revisó los papeles en busca de una salida y descubrió las irregularidades. “No sabía que ese crédito fue concedido con documentación falsa”, afirma. Entonces empezó a presentar denuncias: contra el propietario de los talleres, contra el notario que supervisó la firma del contrato, contra el intermediario financiero y contra el propio director de la sucursal bancaria. Ninguna de ellas prosperó. “Lo que ocurrió es que se archivaron, porque la jueza titular del juzgado número 3 cometió una prevaricación porque para ella ha prevalecido el interés bancario sobre la justicia”, asegura Varela.
Cualquier hubiera dado la causa por perdida, pero el camarero decidió subir las apuestas. Estaba indignado. “La jueza pudo haber llamado a declarar a los talleres, a los responsables de Seguridad Social que podían demostrar que yo no había cotizado en esa empresa ¿Cómo es que no se investiga eso?”, pregunta.
Y buscó un abogado, tanto por vía de pago y oficio, para llevar su caso a los tribunales. “Ninguno quería por verse implicada la propia jueza porque tenía amedrentados a los letrados de la ciudad de A Coruña. Y yo no puedo permitir que por eso se pierda el patrimonio que mis padres han acumulado”.

Complejo arizona
En ese tiempo leyó sobre derecho constitucional y extrajo sus propios conclusiones. La primera, que habían violado sus derechos: “Voy a pedir la tutela judicial de las cinco fiscalías del Estado, y otras instituciones”. La segunda, que tenía que enfocar su problema de otra manera. “Me di cuenta de que para enfrentarme a una entidad bancaria y a una jueza debía tener algo que causara suficiente conmoción pública”, narra el ex camarero. Decidió crear el mayor centro de automoción de Europa, al que llama Complejo Arizona.
“Quiero implicar a la Guardia Civil, al director general de la Policía Nacional, al presidente de la Xunta,  a presidente de la FIAT,  al presidente del Banco Central Europeo, a la Ministra de Empleo, al de Interior...”, enumera, ya lanzado, Varela, que se considera que la justicia española le ha hecho ser un emprendedor por necesidad.
En realidad, montar un centro de automoción siempre había sido su sueño, y el fallido restaurante no era más que el primer paso, necesario para conseguir la necesaria independencia económica. Sin embargo, el revés sufrido, en vez de hacerle desechar su proyecto por imposible, no ha hecho más que animarle a desarrollarlo a lo grande como una forma de reivindicarse.
El entusiasmo y la fe de Varela en su proyecto son desbordante: “Me puedo comprometer ante la directora general de Tráfico a que se pueden reducir los accidentes de circulación en Galicia”.    Y también hace mucho hincapié en los beneficios económicos que   podría traer el Complejo Arizona para la comunidad. “Galicia puede generar investigación y desarrollo y mayor turismo a nivel nacional e internacional”.
Lleva años tratando de sacar adelante este proyecto pero, hasta ahora, su insistente entusiasmo ha chocado con la fría realidad y la apatía de la Administración, cuyos representantes no acaban de decidirse a brindarle su apoyo. “Lo que sí es verdad es que el presidente de la Xunta ha sacado la ley de emprendedores pero no valora a un emprendedor”, se lamenta este antiguo camarero: dice que ha llamado en 23 ocasiones a Alberto Núñez Feijóo, y en Presidencia siempre le han respondido que está muy ocupado.
Pero ni siquiera eso es capaz de desanimarle. “Yo pretendo que este proyecto sea auditado cuatro veces al año porque puede llegar a factura 100 millones al año, generar mil puestos de trabajo y movilizar a 60.000 personas al mes”, proclama. Con este proyecto pretende generar los suficientes medios para enfrentarse a “una entidad bancaria a cuyo presidente tacho de estafador” y piensa presentarlo en el Ifema de Madrid.

Un emprendedor que decidió construir un sueño tras perder una vivienda