Porque los domingos ya no son lo que eran

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La calle de San Juan es el epicentro, pero la moda se expande como la varicela a otras zonas y locales. Que le ofrecen al domingo una alternativa al sofá y el fútbol. La sesión vermú gana adeptos con el tiempo. De coruñeses  cansados de que el séptimo día de la semana pase sin pena ni gloria por su calendario. Desde la una del mediodía, la plaza de España es punto de encuentro. Para amigos papás que se acercan a tomar una con el carrito en ristre con otros que no han procreado, pero que pueden así compartir tertulia sin tener que mirar el reloj.
El Ama es uno de los pioneros de la cita con el rosado. En su local, los domingos son sinónimo de callos y música de Miguel Ladrón de Guevara, más conocido como Miguelón, que ofrece canciones de ayer, de hoy y de siempre y hace mover los pies a los que descansan sobre la silla. Cuenta Amador Iravedra que “desde hace seis meses, ha subido mogollón”.
Y es que la oferta del pincho gratis es un incentivo para los que no quieren acabar el fin de semana sin remanente. En San Juan, los bares piensan en fórmulas que atraigan porque se ha acabado eso de abrir la puerta y esperar a que los clientes entren: “Ahora tienes que currar el doble para ganar la mitad”, asegura. El esfuerzo pasa este fin de semana por celebrar el primer Gran Carnaval de Verano, una idea que ya tenían guardada en el tintero, pero que no cuajó el año pasado por falta de tiempo. Con churrascada popular y actuaciones, la calle invita a desempolvar las pelucas. La jornada de entroido promete en un barrio que ha hecho que los domingos ya no sean aburridos: “Aquí sabes cuándo llegas, pero no cuándo te vas”, comenta Amador. De ahí, el peligro de la sesión vermú cuando la tarde cae y el lunes amenaza con volver.
En O Alfaiate, Francisco varía de pincho así que según lo que le pida el cuerpo, se va hasta la croqueta o prueba con nuevos bocados. Su cocina es tan heterogénea como la música que ofrece. Al escenario del bar se puede subir desde un quinteto de cuerda presentando clásicos a golpe de violín y violonchelo al dúo María y Maré poniéndole ska y reggae al día en que todo parece ir a cámara lenta. Ahora todo es distinto y aunque podría ir mejor de lo que va, dice Francisco, la sesión vermú genera un buen ambiente en la zona. Lo dice Amador también: “Aquí te puedes encontrar distintas clases sociales, desde vecinos del barrio a gente más pijita”. Para el dueño de O Alfaiate, “es una forma de darle vida a otras horas”, antes muertas, y que hoy se llenan de vida hasta bien entrada la tarde: “Hasta las una de la madrugada hay gente”, dice Amador.
En esa línea de ofrecer algo más que refrescos, en O Alfaiate piensan en acondicionar un rincón del bajo para instalar una librería en la parte de atrás: “Será para venta e intercambio de libros viejos y de segunda mano. En este sentido, Francisco lo tiene claro. La sesión vermú triunfa porque “cualquier excusa es buena para irse de fiesta y la gente necesita irse de fiesta”. n

Porque los domingos ya no son lo que eran