Agentes de la Guardia Civil descubren un almacen lleno de aguardiente ilegal

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La Guardia Civil descubrió la semana pasada un alijo de licor ilegal, guardado en un almacén de la ciudad. En total, fueron 132 litros distribuidos en botellas  de cristal y garrafas de plástico que contenían aguardiente y derivados, listos para su distribución, los que confiscaron las autoridades. Fueron agentes de la Guardia Civil adscritos al Resguardo Fiscal los encargados de llevar a cabo la investigación, puesto que ninguna de los envases tenía ningún precinto, lo que quiere decir que no habían pagado  las tasas preceptivas. 
La investigación tenía como objetivo el control de los productos alimenticios susceptibles de falsificación, adulteración o distribución ilegal, que es el destino que se sospecha que tenía la mercancías, puesto que se encontraban en un almacén comercial y no en una vivienda. Además, desde el Instituto Armado recuerdan que los citados envases carecían de cualquier etiqueta que pudiera identificar el contenido, o ya puestos, los precintos que indiquen el pago de impuestos especiales por tratarse de alcohol, así que la tesis de que se trata de una pequeña operación de venta ilegal de licor se refuerzan. 
 No se practicó ninguna detención, pero los licores aprehendidos fueron puestos a disposición de la Aduana Provincial  y al responsable del establecimiento se le comunicó la confección de un acta de infracción a la Ley de Impuestos Especiales y otra denuncia remitida la Consellería del Medio Rural y del Mar, de la Xunta de Galicia, por infracciones relacionadas con el etiquetado y la distribución de productos sometidos a control técnico – sanitario y alimentario. 

tradición
En realidad, la elaboración de pequeñas cantidades de alcohol casero es una costumbre muy arraigada en Galicia, como reconocen fuentes de la Guardia Civil. Sobre todo en el campo, pero también en la ciudad, es habitual destinar licor café o aguardiente en un alambique, normalmente para autoconsumo y en pequeñas cantidades. Desde antiguo en el campo existía la figura del destilador que recogía la caña que le entregaban para hacer el licor. 
Pero también existe otra figura tradicional: la del furrancho, ese local donde se vende en semilegalidad el alcohol sobrante, y que a menudo se acompaña de tapas y otra forma de comida. En este tipo de sitios, la mayor parte del personal no tiene ningún tipo de contrato. “Como mucho tiene uno de los hijos un contrato temporal, y el resto ninguno”, señala un agente de la Guardia Civil, que recuerda que la mayor parte del sector de hostelería tiene que pagar muchos impuestos, así que existe una competencia desleal. La Xunta reguló esa figura, pero la regulación se incumple por falta de medios y el alcohol ilegal continúa fluyendo.

Agentes de la Guardia Civil descubren un almacen lleno de aguardiente ilegal