La Sinfónica retrasa la creación de la orquesta de niños en riesgo de exclusión

la osg calcula en cien los integrantes de la formaciã³n, aunque podrã­an ser menos al principio javier alborã©s
|

Con el compromiso de varias firmas dispuestas a patrocinarlo encima de la mesa y el centro cívico de Monte Alto como campamento base, el proyecto de crear una orquesta de niños con peligro de exclusión social por parte de la Sinfónica cuenta los días para empezar a andar. El gerente Andrés Lacasa asegura que las directrices están fijadas. Solo faltan los instrumentos y concretar el número de músicos de la Joven que se pondrán al frente de lo que el responsable califica como un gran reto.

Y es que se trata de que cojan instrumentos los niños entre cinco y quince años con más problemática en sus casas. Los que viven en chabolas o tienen que convivir con casos de drogadicción o bien soportar capítulos continuos de violencia doméstica. Ellos tendrán preferencia en un programa que aspira a servir para sacarlos de la marginalidad. Con música y en un escenario donde todos serán iguales delante de una partitura.

Lacasa calculaba que comenzarán con la práctica en primavera aunque no pone una fecha concreta. El coordinador de la orquesta, Diego Zecharies, contaba hace unas semanas que lo importante es difundirlo a través de una fuerte campaña. Que llegue a todos los hogares e invite a participar. Sobre todo a los que más lo necesitan psicológicamente. Apoyada por la Concejalía de Servicios Sociales, la Sinfónica pretende reunir a cerca de cien chavales en torno a la música clásica que al principio podrían ser menos, decía Lacasa. Para empezar a forjar una cadena donde los primeros formados pasarían a ser profesores de la segunda remesa.

La formación se enfrenta al gran reto de servir de vía de escape a los chavales

De este modo, el proyecto cogería forma al igual que el que se consolidó en Venezuela hace años y que permitió que hoy sean más de 400.000 los músicos que se sientan en las mejores formaciones orquestales del mundo. Basados en ese espíritu, Zecharies cree que en estos momentos de crisis, le toca a la Sinfónica quitarse el frac y bajar un escalón: “Somos vecinos como todos”, explicaba hace más de un mes el contrabajista.

Es por eso que la Sinfónica incluye en el programa Resuena la iniciativa de formar una orquesta con niños en riesgo de caer en la exclusión. Que se completa con actuaciones en espacios que por naturaleza son ajenos al repertorio sinfónico. Desde hace unos meses, la OSG combina sus conciertos de abono en el Palacio de la Ópera con directos en centros penitenciarios, reformatorios y residencias. Encuentros que Zecharies calificaba de emocionantes tanto para el que toca como para el que escucha.

Porque su público se forma con niños sin infancia que la vida los ha puesto en situación y de presos que por circunstancias han acabado entre rejas, la música cumple aquí su misiva fundamental que es la de “ser un vehículo para sacar a gente excluida socialmente”. Como una luz para el alma y el espíritu, la Sinfónica prepara la más especial de sus partituras. La que tiene que ver con la vida cuando se pone difícil. La clave está en el que el acceso sea lo más fácil posible.

La Sinfónica retrasa la creación de la orquesta de niños en riesgo de exclusión