El complicado y extenso proceso para dotar la ciudad de alumbrado general

Una farola del alumbrado público en 1920, junto al Obelisco y la parada de taxis y frente al Hotel Palace
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El día 9 de noviembre de 1792, el escribano municipal Manuel Acha hace saber a quien habita la Casa de Provisión de Utelsilios que ponga el farol con luz en el pasadizo que está sobre el callejón, por donde se va al Coliseo, (actual plaza del Humor) y mantenga la luz desde la oración hasta las doce de la noche, con apercibimiento de que no ejecutándolo, al segundo día, se le exigirá la multa de ocho reales.

Mientras, el 19 de abril de 1793, la junta da cuenta de que el arquitecto Fernando Domínguez presentó la relación del número de farolas que son precisas para el alumbrado general de la ciudad, con el cálculo que tendrá su construcción y colocación que, según orden del Supremo Consejo, se acordó remitir al Supremo Tribunal para su instrucción.

Así, el 30 de agosto la Junta indica que son notorios los perjuicios que padece el pueblo por falta de establecimiento de alumbrado general y que todos los vecinos claman una solución, con lo que se acuerda informar al Supremo Consejo de Castilla para determinar el expediente. 

En esta misma sesión, se aprueba sacar a pública subasta la construcción de los 1.470 faroles que comprende el cálculo del arquitecto, apercibiendo el remate para la mañana del 14 de septiembre, a cuyo efecto el secretario disponga se fijen edictos a fin de poder conseguir las bajas que pueden hacer los postores, en beneficio de los Caudales Comunes.

El día señalado para el remate de farolas para el Alumbrado General de este pueblo, se tuvo presente que los de palacio, no son suficientes para dar luz y que se encargó a Mateo Vázquez hacer uno, y que se verifique el remate la tarde del 18, al tiempo que se propone el modelo de los faroles. 

Dando orden por S. E, y más señores que la componen, para que entrasen donde se celebran las Juntas, los postores  que hubiere y se presentaron en su calidad; Mateo Vázquez, Gregorio de España, Julio de Antelo, Francisco García, José del Riego, José González, Francisco Taracido, Alberto Pita, Tomás Brunerout, Antonio Quijano, Martín Abelenda, Esteban Aubert, Nicolás Borbón, José Trilles, José Carballo, Julio Candame, José Varela, Pablo Pino y Francisco Mar. A todos se les informa de las condiciones, el medio y forma de ejecutar esta obra.

El postor en quien recaiga el remate ha de ejecutar 1.470 faroles, al precio que se estipule, siendo su obligación pintarlos donde les señalen. Además, el hierro que los sostenga tendrá una pulgada en cuadro del grosor de dos pesos. 

Los hierros de los faroles se deben entender los dos iguales, tanto en sus largos, como gruesos, pero para alivio de los postores, se les satisfará el importe del remate por terceras  partes adelantada, dando fianza de dos mil  pesos fuertes. Esta obra se ha de ejecutar a la brevedad posible y entregada según se vaya haciendo, en Palacio del Capitán General.

Después de varias posturas se llegó a la cantidad de sesenta reales cada farol haciéndose varias propuestas con rebaja hasta que, en el momento de apagarse, Juan Antelo puso en 54 reales cada farola. Así, la junta hizo remate a su favor y previno diese la fianza que mencionan las condiciones ante los señores Francisco Freire, Alejo Fernández y el secretario.

De este modo, el 14 de noviembre se acuerda pagar a Juan Antelo, la tercera parte de 79.380 reales, en que se remató la construcción de 1.470 farolas, y para que tenga efecto, se pase oficio al contador . 

En 1794 se acuerda poner faroles en la Casa Coliseo y callejas que la circundan, señalando los puestos y que los faroles los coloque el asentista Juan Antelo, como parte de su asiento. Pero el 18 de noviembre, se ordena suspender la construcción de farolas.

Después de un largo periodo sin hacer y colocar las farolas que ya estaban en poder de la autoridad, el 16 de febrero de 1807, la Junta, según lo manifiesta el Capitán General, advierte de que los faroles que se hallan en el desván de su palacio, no pueden subsistir allí, porque, no se puede pasar a retejar, con lo que, tras comprobarlo, se orden que inmediatamente se trasladen a una de las piezas del Ayuntamiento.  Pero el día 23 la Junta, el corregidor manifiesta en un oficio que  no hay espacio, por lo que se arrienda un almacén.

El 13 de octubre de 1810, Francisco Rivera presenta el resultado acerca del coste que puede tener el alumbrado y acuerda que Félix de Pazos, haga poner corrientes  los faroles que se conservaron.

El complicado y extenso proceso para dotar la ciudad de alumbrado general