“Quise que estuvieran muy en los zapatos de los protagonistas para sentirse identificados”

Julio Fajardo retrata la crisis de España a través de personajes que coloca muy cerca del lector pedro puig
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No quería hacer un retrato dramático del momento actual pero “Asamblea ordinaria” (Libros del Asteroide) padece ansiedad. Es una novela nerviosa como la sociedad que le inspira a Julio Fajardo y fuera de la tristeza, a la que trató de esquivar, “había que transmitir el agobio”. Solo así sería honesto. No solo lo cumplió sino que no dejó de contar.
Cuenta historias en primera y segunda persona y se va de una a otra sin tregua para hablar de los últimos ocho años donde los ERE, los desahucios y la cartilla del paro se volvieron mobiliario fijo de un escenario, en el que “cierta sensibilidad se calcificó. Fue un poco inevitable”. Por eso, al autor le atraía contarlo y hacerlo de modo que el lector estuviera muy cerca. De ahí los tiempos que utiliza y la forma de soltar sus rutinas: “Quise que estuvieran muy en los zapatos de los protagonistas para hacer que se interesasen y sentirse identificados”.
Así es que la pareja en crisis con hija se junta con su también crisis económica y uno no sabe si lo primero es consecuencia de lo segundo o al revés para subir a la oficina moderna y en ático de un explotador que deja de pagar a sus empleados desde la mirada de uno de los perjudicados. Tampoco faltan los que protestan en la calle y que escuchan a diario esos empleados sin nómina y los mayores, representados en una mujer septuagenaria que acoge en casa a su sobrino en la cola del INEM: “Están todos un poco representados y todos terminan dudando si su forma de afrontar los cambios es la correcta”.
Y es que si Fajardo tuvo una cosa clara antes de completar el puzzle fue que invitase a la reflexión y “cuando pasa algo que lo cambia todo o casi todo y el origen es estructural, a veces no tiene que ver con el grado de acierto individual porque el margen de error crece muchísimo”. En el libro, Julio señala que hay caídas al precipicio, pero también guiños a la esperanza como “formas nuevas de generar comunidad”. Y de la vergüenza que al principio daba todo esto, “y que es uno de los aprendizajes de los años que llevamos”, la crisis se pasó a masticar en grupo: “El caso de los desahucios fue muy claro porque dejó de ser un motivo de escarnio para convertirse en un problema estructural”.
Sus personajes tienen trocitos de muchos conocidos y de otros a los que conoció por sus historias. Son biografías acumuladas y, de alguna manera, “Asamblea ordinaria” supuso un ejercicio de reflexión para Fajardo. De tomar aire y pensar: “A mí escribir en general me sirve no sé para qué, pero me sirve de mucho”.
El escritor explicó ayer en “Libros en directo” con Pedro Ramos cómo las primeras páginas tienen ya cinco años de vida. Otras quedaron aparcadas en la basura, “sirviéndome igualmente”, y el corpus fue tomando forma, primero en un bruto como más sólido y más tarde, con ese salpimentado de una situación con otra que hace que el lector se ponga en la piel y la realidad dividida en muchas realidades sea una bala que vuela rasa. Muy recomendable para los que tuvieron y tienen la suerte de pasar de puntillas sobre los ERE, los despidos o los impagos.

“Quise que estuvieran muy en los zapatos de los protagonistas para sentirse identificados”