Un viaje a Honduras que se convirtió en una odisea por el Covid-19

Manuela y Piluca en el barco del ejército hondureño
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Manuela Seijo y Piluca Hervella son dos coruñesas que el pasado 9 de marzo cogieron las maletas y partieron rumbo a Honduras para disfrutar de unas paradisíacas vacaciones. Lo que no esperaban es que en medio de la travesía estallase la crisis del coronavirus y su viaje se convirtiese en una pesadilla. “Cuando partimos de España había tan solo uno o dos casos confirmados, por lo que no nos esperábamos que ocurriese nada”, explica Piluca.

Las coruñesas comenzaron su aventura en Miami, donde pasaron cuatro días antes de coger un avión a Roatán, una isla de Honduras donde tenían planeado estar durante doce días. “Nada más llegar a nuestro hotel nos trataron de pena. En cuanto Honduras decretó el cierre de los aeropuertos, nos dijeron que cogiésemos las maletas y nos fuésemos”, relata. Tanto Piluca como Manuela, nerviosas por lo que estaba pasando, se negaron, ya que no sabían a dónde ir. “Fue entonces cuando nos buscaron otro hotel, en este caso el Fosters, en West Bay, donde había muchos turistas”, dice.

Los días pasaban y las coruñesas veían cómo Canadá fletaba vuelos para llevar de vuelta a los canadienses, y lo mismo con los americanos. En Roatán no había ningún positivo en coronavirus, por lo que el gobernador quería que todos los turistas dejasen el país, tal y como sostiene Piluca.

 

El cónsul, un apoyo

En una situación desesperada y sin poder salir del hotel, decidieron ponerse en contacto con Fernando Burgos, el cónsul de España en Honduras, quien, reconocen, “nos ha tratado de maravilla”.En el hotel conocieron a muchos españoles y se sintieron más arropadas. “Al paso de trece días, el cónsul nos dijo que preparásemos las cosas porque nos íbamos”, comenta Piluca. Ahí comenzó el regreso a casa. Tras doce horas en un barco del ejército hondureño en el que no había agua ni comida, las dos coruñesas, junto a turistas españoles, franceses, portugueses y una belga, llegaron a La Ceiba, donde les recibió el cónsul junto a la Guardia Civil. Allí fueron escoltados hasta San Pedro de Sula, donde pasaron la noche en un hotel desde el que se escuchaban disparos.

Ya por la mañana, fueron trasladados al aeropuerto y tomaron rumbo a España, poniendo fin a esta odisea. Al llegar a Madrid, gracias a Aneth, de Atlantis travel, consiguieron un coche de alquiler para regresar a A Coruña. Ahora, ya en sus casas, siguen el protocolo de cuarentena.

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