Tormenta naranja

Los naranjas mantuvieron a raya a su rival durante todo el encuentro fotos: pedro puig
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 El Leyma Natura regresa al coliderato, y lo hace por la puerta más grande posible: dando una lección de baloncesto al gran favorito, un River Andorra que ni con la ya habitual ayuda arbitral, pudo con la tormenta naranja que se desató sobre el parquet del Palacio.
Al contrario que en los dos partidos anteriores en casa, el Leyma salió enchufado atrás, mientras que Chus Castro dirigía un ataque sinfónico, con todos los instrumentos perfectamente afinados, mientras que los visitantes cargaban el juego sobre el MVP de la Liga, un Jordi Trias que demostró el porqué de su estrellato. Así, el Leyma cerró un cuarto inicial casi perfecto con dos triples seguidos de un Sean Ogirri que acababa de entrar en juego.
En el segundo acto, el protestón Peñarroya tiró de una zona 2-3 para intentar parar el aguacero, aunque Ogirri no tardó nada en romperla con su tercer triple sin fallo. Andorra seguía mostrándose muy previsible, es decir, balón tras balón a Trias, mientras que los tiradores, en especial Marc Blanch, brillaban por su ausencia.
A Ogirri se unió Javi Lucas, que firmó unos minutos mágicos: rebotes, tapones, buena defensa sobre Trias y puntos, muchos puntos. Una decena, que completó con un triple en la última posesión antes de un descanso al que se llegó con un asombroso 49-33.
Media victoria estaba encarrilada. Aunque cuando Andorra está en pista tal vez sea aventurarse demasiado.
Peñarroya optó de nuevo por  una 2-3, esta vez mucho más dinámica, su equipo imprimió dos marchas más al juego... y también empezó a pegar más y más duro. El Leyma se contagió, en un principio, del ritmo frenético de los visitantes, y ahí no rinde a su mejor nivel. Blanch tomó el testigo de Trias y el equipo del Principado comenzó a limar la diferencia, aunque Ogirri y Haanpää, con dos oportunos triples, cortaron la hemorragia.
El último cuarto arrancó con dos dígitos de renta (64-54), un sinfín de imprecisiones por parte de ambos equipos, mucha dureza y errores arbitrales. Esperanza Mendoza se inventó una antideportiva de Lucas después de que golpearan en la cara a Castro. Y Riazor se encendió.
El Andorra se acercó a cinco puntos (72-67), pero Ángel Hernández, desde ocho y metros sobre la bocina, asestó un duro golpe al rival. Jason Cain, muy fallón en los tiros cercanos, encadenó cuatro puntos que fueron otro clavo en el ataúd del equipo más lujoso de la Liga.
La puntilla llegó con una antideportiva de Blanch, seguida de la expulsión de su técnico. El escolta se llevó una silla de pista al vestuario y la estampó contra una de las cristaleras, demostrando que a este equipo le falta aprender a perder.
Tres tiros libres de Castro, cinco puntos seguidos de Ogirri y una nueva canasta de Cain, culminando una triangulación de ensueño, sellaron la octava victoria del curso y conviertiendo el Palacio en un coso taurino, donde el Mihura de la LEB Oroacabó lidiado entre sonoros “¡¡¡Olé!!!”.

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