“Es muy importante que Narros se fuera con una comedia cargada de vida”

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Diana Palazón se encorsetará esta tarde a las 19.00 horas un vestido de seda. Para deslizarse en el teatro Colón por una historia del Siglo de Oro, donde Calderón de la Barca le pone a la mujer una armadura y doña Ángela se hace fuerte ante las adversidades. Miguel Narros la completa con vida, que es lo que le pedía a sus chicos en cada función.

¿Doña Ángela es de esos personajes con chicha a los que no se les puede decir que no?
Sí, es un personaje de los que se consideran como un regalo en la vida. Es maravilloso, con muchas aristas. Difícil de encontrar aún en la época actual, porque al final es ella la que maneja la situación. Ella y sus criadas.

Una mujer con todas las de la ley.
Es una inconformista. No acepta las normas que le dicen que tiene que estar tapada como buena viuda en su casa. No puede con esas condiciones ya que tiene una energía vital que está muy por encima de todo eso. Es como el sol al que quieren tapar las nubes. Por mucho que lo intentan, sale y brilla. Ella también sale a la calle a pesar de los imperativos.

Y hasta encuentra el amor en su propia casa.
Es todo una casualidad. Se lo pone el destino cuando huye de su hermano y le pide ayuda a un caballero para que lo entretenga. Y resulta que ese hombre llega a su casa de invitado. ¿Cómo puede ser? Ahí es cuando le entra el espíritu aventurero y romántico y comienza a montarse la película. Todo empieza siendo un juego, pero termina por enamorarse de él y casi está a punto de perder la vida.

¿Cómo está representado el laberinto por el que se comunica con su amado?
Lo que hizo Miguel Narros fue representar esa escena mágica como si fuera uno de esos castillos antiguos, en los que entras por un tapiz y sales por la chimenea. Creó pasadizos ocultos y se puede ver todo el recorrido mágico con la alacena como elemento fijo.

Además de la escenografía, ¿qué aportó Miguel Narros a la obra?
Es muy importante que se fuera de aquí así, riéndose, y con una comedia cargada de vida. Siempre insistió en que los actores estuviéramos muy vivos, que en ningún momento dejáramos de tener brillo en los ojos.

La encasillan como una comedia de capa y espada, ¿hay mucha violencia?
Sí, hay muchas luchas por el medio, de aventuras y misterio. Tiene una parte mágica de duendes y almas errantes.

¿Es complicada de digerir?
Está muy bien adaptada. La gente piensa que por ser del Siglo de Oro puede que sea incomprensible, pero al contrario. Tampoco es que esté modernizada. Solo que han adaptado los chistes a nosotros y otros les hemos cogido el punto. Después, los temas son muy actuales. El amor y el desamor no se han pasado de moda.
Ni tampoco la lucha por defender los derechos de la mujer.
Sí, sobre todo con una mujer que toma posición desde donde puede. Y deja escritas cartas.

Hábleme del vestuario.
Es una maravilla porque Miguel nunca escatimó en los trajes y son vestidos de seda auténtica. Y fíjate que no son nada incómodos, lo que pasa es que te da pena porque nos estamos revolcando en el suelo todo el rato. Le decíamos, ‘mira que se van a estropear’ y Miguel nos contestaba que estaban para eso. Así es que a veces llegamos con rajas en los trajes a la modista para que nos los arregle.

¿Tienen que viajar con ella?
Sí, necesitamos ayuda para vestirnos, sobre todo, los chicos que van todos emperifollados con un montón de capas.

“Es muy importante que Narros se fuera con una comedia cargada de vida”

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