Vigo afianza su liderazgo económico y ahora crece también en peregrinos

Dos peregrinos atraviesan el paseo de Samil, en la playa más popular de Vigo, en su ruta por el Camino Portugués por la Costa a Santiago | j.v. landín
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Hemos consumido la mitad de 2018 y Vigo continúa siendo la primera ciudad de Galicia. En población. Lo es desde hace ya más de 50 años de forma continuada y nada indica que no lo vaya seguir siendo en los próximos 20 o 30 años, probablemente más, aunque como el resto de la comunidad da muestras de que el motor está gripado con una alarmante sucesión de estadísticas demográficas en negativo. 
Para Vigo y los vigueses el liderato en el censo no es cualquier cosa, sino algo muy relevante, probablemente más que cualquier otra cosa. Diría que en lo emotivo significa lo mismo que para Pontevedra la capitalidad: parte integral de su esencia al lado del Celta y –ya veremos por cuánto tiempo– la devoción al Cristo de la Victoria, y por tanto, cualquier cambio se anota con preocupación. Y las noticias no son buenas. Son ya cinco años consecutivos con las cifras a la baja, y la frontera de los 300.000 habitantes oficiales, alcanzada por única ocasión en 2003, se aleja cada vez más. 
Según el último cómputo oficial, la mayor ciudad gallega estaría ahora en torno a 292.000 residentes, que son unos 50.000 más que Coruña y 200.000 que Santiago o Lugo, pero todas las estadísticas confirman que la crisis poblacional de Galicia, que antes se remitía a las zonas más rurales y el interior, se ha extendido como plaga a todo el territorio, alcanzando su núcleo central y el eje atlántico. Echando un vistazo a la pirámide de edad se puede constatar que la base se estrecha y que la media sube a fuerte ritmo, un año cada dos o tres.
Por el lado más positivo, en lo económico y social que van juntos, apuntar que en esta urbe –en cuyo bandera bicolor se declara Leal y Valerosa, y que otros llaman de forma equívoca Olívica por el árbol del escudo– sus dos pilares básicos se mantienen fuertes y eso es garantía de estabilidad y futuro: la industria de la automoción y el sector marítimo vuelven a acercarse a sus mejores momentos con un fuerte repunte de las cifras. 
La automoción se mueve sobre PSA, que ha incrementado en mil sus empleados rompiendo una tendencia a la baja –tuvo 10.000 trabajadores y bajó hasta 5.000, ahora sube a 6.000 con eventuales– y las industrias auxiliares, que se han asentado y ampliado instalaciones, la última Benteler, que anuncia la construcción de una segunda planta en el entorno metropolitano. 
En cuanto al marítimo, buenas noticias con la recuperación del naval –estuvo a punto de desaparecer– y el crecimiento de nuevo del puerto, el primero de Galicia en cuanto a tráfico de mercancía general. En torno al 60 por ciento de las exportaciones de Galicia entran y salen por el puerto vigués pese a la competencia que llega desde el norte y sobre todo de Portugal, que aprieta y mucho en todos los sentidos.
Aprieta en el puerto, lo hace con un aeropuerto  instalado en la hegemonía en Oporto y también con las facilidades dadas para la implantación de empresas en sus polígonos, una especie de canto de sirena permanente que de momento no se ha traducido en desinversión pero sí en el desarrollo de proyectos nuevos al otro lado del Miño.
¿Y qué piensan los vigueses de su ciudad, en este verano de 2018 tan propicio para la llegada de miles de visitantes? En esto me temo que el sentimiento no ha variado y oscila con facilidad entre el fatalismo y el tremendismo por un lado y una cierta –digamos– tendencia a la jactancia por otro, un péndulo que provoca que se extienda de forma simultánea la sensación de poder decidir desde el liderazgo y de estar al borde del desastre,  como una ciudad amenazada por oscuras fuerzas... un tobogán permanente donde cabe de todo, desde contar con la peor autovía de España –la A-55 entre Vigo y Porriño lidera todos los años la clasificación de tramos por accidentes– hasta presumir con motivos de ser la ciudad con mayor número de banderas azules y la única de España que cuenta en su municipio con un Parque Nacional, las Cíes e Islas Atlánticas. 
Pero este verano no es cualquiera: todas las estadísticas señalan en positivo, en un nuevo ciclo alcista desconocido desde 2007. Que puede ser récord de turistas con el empuje del cada vez más transitado Camino Portugués de la Costa –ahora Vigo también forma parte oficial de la ruta del Xacobeo, algo que habría resultado impensable una década atrás– y récord en el puerto. Visto desde la melancolía, quizá todo demasiado bueno para que sea verdad. Continuará…

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