“Los cuerdos se casan con otros cuerdos y tienen cuerditos”

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El Ideal Gallego-2011-07-23-015-5375140d ángel pavlovsky
artista

Son aburridos y se mueven dentro de un círculo de cuerdos del que no son capaces de salir. Sus hijos salen cuerditos como ellos y rechazan a los que buscan otras cosas, los que cambian y no aceptan preceptos porque sí. Ellos no dan con la receta y mucho menos, van a ver a Pavlovsky al Rosalía.

entrevista de marta garcía márquez

Pavlovsky fue antes ángel que hada pero la estética del querubín con rizos no le daba alas para hacer lo que quería que era seguir disparatando. Por eso, el artista se hizo un contrato de autónomo que le permitió resolver los problemas del mundo en un tris tras. Solo buscó una cableado que va por tierra y conecta directamente con  la butaca para que esa parte del niño que todos llevan dentro, saliera a la palestra como en esas pelis donde los directores saben también de esa conexión. El argentino puso entonces la bola del mundo delante de los espectadores. Y ellos vieron la solución a los conflictos de forma fácil como cuando no superaban el metro de altura. Sin informaciones y polvitos mágicos, la vida es mucho más sencilla.
—¿Nunca ensaya sus espectáculos?
—No, cada uno sabe lo suyo y en cada ciudad es ponerse de acuerdo. Se hace una apuesta difícil que depende del material, de si la sala es alta o baja y se adaptan los efectos. Ensayar nunca, lo que hace el músico es hablar con el del sonido y yo con el de la iluminación.
—¿Y usted no se pone de acuerdo consigo mismo para ponerse a actuar?
—Sí, pero durante la función. No es que cambie la temática. Se trata de un texto, en el que sé muy bien lo que tengo que decir pero esto no quiere decir que lo tenga memorizado. Es mi forma de trabajar, más espontánea y directa, una forma “arriesgosa”. Mis amigos actores me dicen cómo soy capaz de hacer algo así si no lo repaso todos los días y me lo aprendo de memoria. Eso solo lo hago cuando trabajo para una compañía. Yo escapo de la rutina.
—En “Angelhada” hace una inmersión en el cielo. ¿Qué es lo que se encuentra por ahí arriba?
—Volamos con la imaginación. Yo soy un hada y, al mismo tiempo, sé que no soy un hada pero juego a hacer que soy un hada. Sé que nadie me cree y juegan a creerme. No se trata de un personaje definido y con un argumento fijo. Más bien se trata de un personaje que cuenta cosas cuando todos sabemos que, en realidad, no soy un hada.
—¿Cómo surgió la idea de hacer algo así?
—Esto partió de mi sobrina nieta cuando tenía cinco años y medio. Ahora tiene siete. Siempre jugábamos a contar cuentos de hadas mientras su madre nos escuchaba. Entonces lo fuimos creando e hicimos esta historia, que conecta con el niño que llevamos todos dentro. Piensa que nacemos siendo niños y que, por educación, nos vamos comportando de acuerdo con la edad que tenemos y al niño lo vamos olvidando. Si le hiciéramos más caso, resolveríamos mejor los problemas.
—¿Por qué los adultos retuercen tanto las cosas?
—Los adultos tenemos una formación basada en informaciones pero cuando somos niños no tenemos información, solo vamos adquiriendo conocimiento y esto es lo que buscan los grandes sabios al final de sus vidas. Los niños hablan diferentes idiomas y se entienden. Resuelven sus problemas con sencillez y jugando, jugando sin querer, el espectáculo va y conecta con esa parte olvidada y que, de golpe, aparece. Es como esas películas que tienen una parte en que la estamos viendo como niños.
—¿Y el resultado? ¿Qué pasa cuando la butaca vuelve a pensar como cuando era niña?
—Es un espectáculo que entretiene, hace pensar y emociona. Está lleno de belleza constantemente y no por mi. Son dos hadas en escena y montones de temas que existen en el mundo real. El montaje trata de qué pueden hacer las hadas para mejorar todo esto que está pasando en el mundo.
—¿Qué temas de actualidad toca en este espectáculo?
—La puesta en escena hace referencia a la idea fantástica de los del 15M, ese montón de gente inquieta que dice que esto no marcha. Después sale a la palestra el tema de las adopciones y de los impedimentos que te ponen a la hora de querer adoptar y por qué no se puede adoptar a una madre o a una abuela con tantas como hay abandonadas. Están tratadas desde la perspectiva del disparate porque me encanta disparatar y es algo que debería figurar dentro de los derechos humanos internacionales.
—¿Por qué la gente “normal” tiene tanto reparo a hacer disparates?
—Vivir como un disparate, es vivir mejor y a mi no me viene a ver gente cuerda, en el sentido de personas con una formación, educación y visión estipulada de antemano. Los cuerdos se casan con otros cuerdos y tienen cuerditos. Son aburridos y se mueven entre cuerdos. Sienten un desprecio hacia el resto de la gente, a los que llaman bohemios. Aman el poder y estresan a los que buscamos realizarnos por el lado de la gloria, del conocimiento, algo que en la televisión no hay.
—En realidad, “Angelhada” es una lección sobre la vida misma.
—No voy de gurú. Parto de mí y de mi experiencia vital. Cuento verdades y experiencias en las que creo pero no voy por la vida dando lecciones. Antes que hada, fui ángel y me decepcionó tanto. Es espantoso porque se ha quedado arcaico y tienen un estilismo de querubín denudo y con alitas... En cambio las hadas son otro rollo. Son autónomas.
—Pero usted siempre ha tenido un contrato de autónomo. Sus personajes son libres.
—Yo era autónomo pero me conocían como autónoma. Siempre he sido mujer con apariencia de hombre y con toda la ambigüedad posible.
—¿Por qué sus personajes han dado siempre pie a la duda de si son hombres o mujeres?
—Porque soy fiel a mis convicciones y yo no miento y salvo políticamente, soy ambiguo en todo y me permito cambiar radicalmente y hacer otra cosa. Creo que es lo que debo hacer. Ser cambiante. Evolucionar e involucionar. Sin embargo, en la política no funciona y hasta los políticos firman pactos y se hacen ambiguos.
—Y la ambigüedad inquieta. ¿Por qué?
—Por educación. Tus padres que son de mi edad han sido educados para que el rosa fuera de niñas y el azul celeste de niños. Es una cuestión que se ha ido superando.

“Los cuerdos se casan con otros cuerdos y tienen cuerditos”