La alerta roja deja mucha agua y un puñado de incidentes por viento

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La alerta roja de ayer demostró que las palabras no son lo único que se lleva el aire: a lo largo de la jornada, los bomberos tuvieron que hacer frente a pequeños incidentes por toda la ciudad vallas y antenas que amenazaban con caer derribadas por ráfagas de viento que llegó a superar los 95 kilómetros por hora. También cayeron varios chaparrones como hacía tiempo que se no se veían. En cambio, las olas no causaron graves daños en el Paseo Marítimo, donde vigilaba el dispositivo de emergencia.
La primera pleamar, que tuvo lugar alrededor de las siete de la mañana, no supuso ningún problema para los servicios de emergencia, que ya habían activado el plan contra temporales desde medianoche. Ni siquiera fue necesario cerrar el Paseo Marítimo a los peatones, solo los accesos a la arena. Pero conforme avanzaba la mañana, el parque de Bomberos comenzó a recibir más y más avisos: pasadas las nueve, una valla de obra en la ronda de Outeiro amenazaba con caerse. A las diez tuvieron que acudir a Alfonso Molina porque un cartel publicitario situado a nueve metros del suelo estaba a punto de desprenderse.
Ocasionales chaparrones (los pluviómetros recogieron 12 litros por metro cuadrado) espantaron a la gente de las calles. Mientras tanto, la jornada continuó para los bomberos con varias antenas que hubo que retirar, lonas sueltas en el techo de un supermercado en Salvador de Madariaga, o un tejado dañado en la avenida de Riazor. La mayor parte de estas intervenciones apenas llevaron unos minutos a las dotaciones, el tiempo suficiente para embridar o retirar las piezas que amenazaban con ser arrebatadas por el aire. Aunque al mismo tiempo, los bomberos tuvieron que hacer frente a los incidentes habituales, como baldear los restos de un accidente en Alfonso Molina en el que resultaron heridas de carácter leve cuatro personas.
Mientras tanto, en la costa, la situación era mucho más tranquila. Pasadas las doce de la mañana, el dispositivo de emergencia (formado por efectivos de Protección Civil, Bomberos y Policía Local) había evacuado la playa, donde estaba una docena de personas, la mayoría miembros del grupo de la Tercera Edad conocido como “Los tiburones”, habituales del arenal.
Se habían clausurado parques y jardines así como a la Torre de Hércules. Sin embargo, en ningún momento fue necesario cortar el paso peatonal. Las olas apenas batían en el Paseo Marítimo y eran mucho menos amenazadoras de lo que se podía esperar por las previsiones meteorológicas, que hablaban de ondas de nueve metros de altura. El viento, de componente sur, no podía impulsarlas hacia la bahía del Orzán, que se abre cara al norte, así que muy pocas llegaron a superar la barreras de las dunas y las banderas de la Coraza colgaban de las astas. Por otro lado, en San Amaro, la Policía Local precintó el acceso desde el Paseo Marítimo y en Alvedro, dos vuelos tuvieron que desviarse a Santiago.
Durante esta jornada seguirá declarada la alerta, esta vez naranja, por viento. Por ello, la Xunta suspenderá las actividades en el exterior de los centros educativos a partir de las tres de la tarde.

La alerta roja deja mucha agua y un puñado de incidentes por viento