Bens denuncia el abandono del barrio y la ausencia de un servicio de limpieza

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Rodeada de colectores de basura y chimeneas kilométricas, Bens continúa en el mismo punto que hace décadas, según los que despiertan todos los días con vistas a la refinería. La calzada que pasa por el núcleo es tan estrecha que las ambulancias no pasan y los sanitarios se ven obligados a aparcar en la rotonda y realizar su servicio a pie. Es la realidad de un barrio que vio cómo el servicio de limpieza fue en detrimento a lo largo de los años y de  los quince en quince días que un barrendero se dejaba ver por la zona con el PP, han pasado a una presencia puntual que deriva en un aspecto descuidado y sucio. 
El presidente de la asociación vecinal, Antonio Conde, señala que el camión de la basura pasa de forma más regular y peina Nostián, Macido, Comeanda y Bens cada dos o tres días en un distrito donde los matorrales crecen a su antojo y las silveiras entorpecen el paso. El colectivo reclama unos servicios mínimos porque aseguran que ellos también son ciudad: “Que las carreteras sea transitables para todo tipo de vehículos”. 
A los cien que viven en Bens hay que sumarle otros 247 repartidos por los otros tres lugares. A día de hoy, el local social es el punto de encuentro. A falta de bar, los residentes toman sus quintos en el ambigú de una entidad que comenzará en breve una reforma gracias a una subvención de la Diputación y de Repsol, que le permitirá tener baños adaptados a minusválidos. De las tres cafeterías, la tienda y el estanco que daban cobertura en los 80, han pasado a no tener nada. Acuden a Los Rosales a por suministros. Sin embargo, Bens crece: “Hay 20 y tantos niños y en un año han nacido seis y dos más vienen en camino”. Como no tienen parque infantil, otra de las reclamaciones, Antonio explica que han habilitado una sala para que los pequeños jueguen bajo cubierto. 
Su mayor preocupación pasa por el anuncio del Hogar de Sor Eusebia de dar techo a personas sin recursos a través de 20 casetas que instalarán en una finca próxima a la institución. Los vecinos no están de acuerdo porque no habrá control sobre esa gente y entienden que esto revertirá en inseguridad: “Conocemos a los que viven en el hogar, ellos aceptan las normas y están vigilados, pero no sabemos quién vivirá en esas viviendas”. Es por eso que hablarán con el hogar para que paralice el proyecto. Con el Ayuntamiento ya lo han hecho: “Solo queremos el mismo trato que los demás”.

Bens denuncia el abandono del barrio y la ausencia de un servicio de limpieza