Los blancos arcos que aportan la luz por la que se transita en las grandes avenidas de la ciudad

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El mes que viene, se inaugurará la nueva pasarela singular de Marineda City, firmada por el estudio K2. Será la primera en quince años, después de la de diciembre de 2003 en San Cristóbal y la primera de carácter singular que no lleva la firma del ingeniero José Antonio González Serrano. Se trata de la pasarela número 18 de la ciudad y la cuarta de carácter singular. La conselleira de Infraestruturas, Ethel Vázquez Mourelle explicó cuando visitó la obra que se trata de un trabajo de gran complejidad, porque no tiene pilares y por su longitud, de 200 metros. Será la primera pasarela peatonal de la carretera de Baños de Arteixo, y cumplirá una demanda de seguridad generada por el tráfico peatonal que atrae el complejo comercial de Marineda City. Pero no se trata de solucionar un simple problema de circulación. Vázquez está convencida de que se convertirá en una seña más de identidad de la ciudad. 

 “É unha pasarela singular, case única, foi un encaixe de bolillos. Ten un deseño galego e non é só unha estrutura, senón unha escultura”, aseguró la responsable. “Singular”, en la jerga de los ingenieros, significa que la pasarela se construye según un diseño único. En su ejecución, el profesional trata demostrar habilidad técnica y gusto estético. Una de las condiciones para ser considerada singular es que tenga una gran luz, término técnico que designa la distancia entre dos puntos de apoyo. A menudo, la pasarela singular también cuenta con tirantes, que son los cables que sostienen la plataforma. 

Precedentes
Hasta ahora, la ciudad solo contaba con tres pasarelas singulares: El Columpio, situado en Alfonso Molina, El Velero y La Rosa, estos últimos en la avenida de San Cristóbal. Las tres estructuras se encuentran muy próximas entre sí, de manera que es posible contemplarlas a la vez. Y todas tienen la misma firma, la de un veterano ingeniero ferrolano de 78 años, José Antonio González Serrano, que a día de hoy se mantiene activo y supervisa la construcción de una de sus pasarelas en la cascada de Ézaro. 

Es un patólogo de estructuras y un experto en hormigón que ha viajado por todo el mundo y realizado numerosas obras. En A Coruña ha colaborado en varios proyectos de envergadura en el puerto, pero solo tres estructuras llevan su firma: las pasarelas. “Siempre intento buscar diseño singulares, de mucha ligereza”, explica. Aunque es un experto en hormigón, ya no es su principal material.  “Me he pasado al metal porque se monta en un plisplás, se gira en tres horas y está colocada y esa es la solución en vías con mucho tráfico”, aconseja.

Arco accidentado
No todos los ingenieros están a favor de las pasarelas singulares. Javier Monterola, un miembro del gremio de reconocido prestigio, señaló que diseñar una pasarela singular consiste en hacer una estructura aparentemente muy importante para resolver un problema pequeño: “A mí me produce inquietud. Para mí son mejores las simples, con una luz muy pequeña, pero no siempre el autor hace una simple, sino que hace un arco accidentado, que suele quedar mal, a mi entender”. 

Alfonso Molina es la que cuenta con un mayor número de pasarelas simples funcionales: cuatro, además de El Columpio. Eran cinco hasta 2017, cuando se demolió la situada entre los Nuevos Juzgados y el IES Fernando Wirtz Suárez, derribada durante el mandato anterior. Para entonces, llevaba meses fuera de servicio debido al mal estado en que se encontraba, y que hacía inseguro su uso. 

Pero se pueden encontrar pasarelas más humildes en casi cualquiera de las grandes vías del la ciudad, con más de un carril en cada sentido: la ronda de Outeiro, la ronda de Nelle, la avenida de Arteixo (2), la avenida del Ejército (3) en la zona de los hospitales, o la avenida de San Cristóbal (3) 

“A veces tienes una carretera como tienes un río”, señala Enrique Urcola, decano del Colegio de Ingeniero de Caminos. Es decir, que una vía de comunicación puede convertirse en una barrera para la circulación, lo que no deja de ser paradójico, pero los ingenieros se distinguen por tener soluciones para todo. “Si le dan dinero, un ingeniero puede construir cualquier cosa”, declara Urcola, que hace más concesiones a la estética que Monterola:  “Tienen que tener cierta estética porque es muy visible. Que la gente vea que hay aquí una obra, pero una que le agrade”. 

Por supuesto, no todo depende de la habilidad del ingeniero, como señala Urcola, el presupuesto es muy importante, porque limita la creatividad. “Llegamos de una época de escasez, pero ahora, en la pasarela de la carretera de Baños de Arteixo se ha hecho una inversión importante”, explica. De hecho, el presupuesto es de dos millones de euros, lo que ha permitido al estudio coruñés K2 mantener lo que Urcola define como “una estética adecuada”. 

Pero incluso las humildes pasarelas funcionales merecen atención: son importantes para transeúntes menos interesados en admirar su belleza que en cruzar a salvo del tráfico que ruge debajo de ellos. Sin pasarelas, los peatones lo tendrían más difícil para atravesar las grandes avenidas que rodean el centro de la ciudad. Es por eso que en 2013, el Ayuntamiento invirtió 481.512 euros en la reparación de 16 de ellas, pero también se cuidó su estética: se instalaron en muchas de ellas paneles de aluminio decorativos que creaban un efecto arco iris. De manera que si no pueden competir con las singulares en luz, desde luego lo hacen en colorido. 

Los blancos arcos que aportan la luz por la que se transita en las grandes avenidas de la ciudad