Reportaje | Nueve meses de pandemia y una Navidad incierta en el horizonte

Las luces de María Pita son uno de los pocos resquicios navideños con los que escaparse de la realidad | Pedro puig
|

Hoy se cumplen nueve meses de la declaración de estado de alarma que cambió por completo la vida diaria del país. 275 días después, afrontamos un periodo navideño extraño, con muchas dudas y con un cierre perimetral, cuando sólo quedan diez días para Nochebuena.

Nueve meses después, hemos incluido ya la mascarilla en nuestra vestimenta habitual, las grandes reuniones quedan un poco en el olvido y muchos han adoptado el teletrabajo ya como ordinario.

En este tiempo, A Coruña ha vivido un confinamiento estricto, el cierre de sus espacios de música en directo sine die y un cierre de la hostelería que ha terminado hace escasos diez días. El tráfico rodado ha caído en picado en este tiempo, hemos reducido nuestras salidas de casa y, cuando lo hacemos, tratamos que sea sin salir de nuestros entornos o barrios.

Muchos cambios que hemos aprehendido y que hemos hecho nuestros, pero el inminente periodo navideño trae consigo muchas dudas sobre el volumen de las reuniones familiares o si se podrá salir de la comarca, ya que la incidencia del coronavirus en la ciudad todavía no ha descendido lo suficiente como para poder reabrir los límites de la misma a entradas y salidas.

Mientras tanto, los coruñeses buscan ciertos atisbos de la tan ansiada normalidad. Las luces de Navidad o los decorados navideños acompañan las compras y ocio de los vecinos que intentan olvidar por un momento la realidad que actualmente nos toca vivir.

Pero hasta esto ha cambiado. El tradicional poblado navideño de María Pita no es ni la mitad de lo que era, para evitar aglomeraciones, mientras que el tradicional encendido de las luces fue impulsado, principalmente, a través de streaming. Incluso el Belén se ha visto afectado por el Covid, ya que el aplauso de las 20.00 horas es su nuevo integrante.

Nuevas fórmulas

Mientras tanto, los diferentes sectores buscan fórmulas alternativas para sobrevivir a esta situación. Hostelería y Cultura, como dos de los más afectados, tratan de encontrar la forma de seguir ofreciendo sus servicios.

Con las limitaciones de aforo en bares y restaurantes, estos tratan de reformularse, con, por ejemplo, el impulso del “take away”.

Mientras la Cultura busca su camino. Asociaciones culturales para salvar salas, como la República de Mardi Gras, o streamings para sustituir fiestas, como el caso de la sala Pelícano, que cambiará su celebración de Fin de Año por  una fiesta virtual que se emitirá esa misma noche.

Reportaje | Nueve meses de pandemia y una Navidad incierta en el horizonte